Pedro Múñoz Seca, el famoso escritor asesinado en Paracuellos del Jarama por no tener las ideas de sus asesinos

El 28 de noviembre de 1936 milicianos del PSOE, PCE, UGT y CNT asesinaron por mandato de la Consejería de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid en Paracuellos del Jarama al dramaturgo Pedro Muñoz Seca junto a otras decenas de personas. ¿Su crimen? No pensar de la misma manera que sus asesinos.

Junto al escritor, tan famoso entonces como Lorca, los milicianos fusilaron a otras cincuenta personas. Su obra «La Venganza de D. Mendo» es la cuarta obra más representada de todos los tiempos en España después de «Don Juan Tenorio», «Fuenteovejuna» y «La vida es sueño».

Andrés Amorós: «Muñoz Seca fue un gran patriota español, monárquico convencido. Durante la República, estrenó obras contrarias a esa ideología: «La Oca», «Anacleto se divorcia»… No se lo perdonaron muchos intelectuales de izquierdas y acabó pagándolo con la vida.»

Valle-Inclán: «Quítenle al teatro de Muñoz Seca el humor, desnúdenle de caricatura, arrebátenle su ingenio satírico y facilidad para la parodia: seguirán ante un monumental autor de teatro».

Pedro Muñoz Seca fue detenido en Barcelona el 30 de julio de 1936. Estaba en la Ciudad Condal para preparar el estreno de su obra «La Tonta del Rizo». El diario republicano «La Libertad» reseñó que había sido apresado “en mangas” de camisa .

Muñoz Seca fue trasladado a Madrid, vía Valencia. Curiosamente fue el escritor el que abonó el viaje ; “Les pagó los billetes de tren, el hotel y las comidas. Las facturas están en mi poder”. Así lo afirma su nieto, Alfonso Ussía Muñoz Seca en distintas entrevistas.

En Madrid, después de pasar por la correspondiente checa, fue ingresado en la cárcel de San Antón de Madrid, situada en el antiguo Colegio de los Escolapios de la calle Fuencarral que había sido confiscado por las autoridades del Frente Popular al comenzar la Guerra Civil.

En la Prisión de San Antón de Madrid se hacinaban en 1936 cientos de presos políticos en condiciones inhumanas cuyo único delito era ser de derechas, católicos, monárquicos, religiosos,… La gran mayoría de fueron asesinados en las sacas Paracuellos del Jarama.

La familia de Muñoz Seca trató que Rafael Alberti, nacido también en el Puerto de Santa María, intercediera por su paisano y fuera sacado de la cárcel pues por entonces presidía el «Comité de Intelectuales Antifascistas» pero el entonces admirador de Stalin se negó a hacer nada.

Recordemos las líneas que el comunista Rafael Alberti le dedicó a uno de los mayores genocidas de la historia: «Stalin ha muerto. Padre y maestro y camarada. Quiero llorar, quiero cantar. Que el agua clara me ilumine. Que su alma clara me ilumine. En esta noche que te vas”.

Después de llevar cuatro meses en prisión viendo como sus compañeros salen camino de su ejecución, el día 27 de noviembre se celebra un juicio farsa en el que es condenado a muerte por “fascista, monárquico y enemigo de la República”. Un miliciano le arrancó sus bigotes.

Después del juicio, Muñoz Seca diría a otro interno de la Cárcel de San Antón que “se me acusa de monárquico, por haber llevado a Roma para Don Alfonso XIII el manto de la Virgen del Pilar. Con este manto voy a morir yo también”.

Sus últimas líneas son para su mujer María Asunción: «Cuando recibas esta carta estaré fuera de Madrid. Voy resignado y contento. Dios sobre todo». «Y si Dios tiene dispuesto que no volvamos a vernos, mi último pensamiento será siempre para ti».

En la madrugada del 28 de noviembre de 1936, Muñoz Seca fue trasladado a Paracuellos para ser fusilado junto a sus compañeros de desgracia en autobuses de dos pisos como el de la imagen. Se les hacía bajar en grupos de 10 a 20 atados de dos en dos.

Uno de los vecinos obligados a excavar las fosas de los asesinados en Paracuellos le escuchó decir a Muñoz Seca camino de la muerte: “Ahí va el último actor de la escena; hasta al morir, con la sonrisa en los labios. Este es el último epílogo de mi vida”.

La matanza de Paracuellos fue organizada por el Consejo de la Dirección General de Seguridad de la Consejería de Orden Público presidida por Segundo Serrano Poncela, que a su vez dependía de Santiago Carrillo, Consejero de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid.

Tanto Santiago Carrillo como su amigo Segundo Serrano Poncela pertenecían a las Juventudes Socialistas Unificadas de Madrid cuando se produjeron las matanzas de Paracuellos. Dicha organización resultó de la fusión de las Juventudes del PSOE con las Juventudes del P. Comunista.

Santiago Carrillo siempre negó su participación en las matanzas de Paracuellos pero existen numerosas pruebas que indican que fue uno de sus máximos responsables. Y no pudo alegar desconocimiento, el 7 de noviembre fue avisado por varios diplomáticos de lo que estaba sucediendo.

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