Gonzalo Fernández de Cordoba, uno de los mejores estrategas de todos los tiempos e inspirador de los Tercios Españoles

El 1 de septiembre de 1453, nació en el castillo de Montilla el «Gran Capitán»: Gonzalo Fernández de Cordoba y Enríquez de Aguilar, considerado como uno de los militares más prestigiosos de todos los tiempos. Cambió para siempre el arte de la guerra.

A Gonzalo Fernández de Córdoba se le debe la organización de los ejércitos españoles en coronelías formadas por compañías y apoyadas por caballerías y artillería, base del desarrollo de los famosos y temidos tercios españoles.

El talento del Gran Capitán lo consagró como el mejor militar de su época; y uno de los más grandes entre los grandes de la historia de España. En Italia causó admiración al derrotar en inferioridad de condiciones a la caballería pesada francesa y al cuadro de piqueros suizo.

A los quince años entró al servicio del príncipe Alfonso de Castilla, hermano de la que sería Isabel La Católica. Fallecido Alfonso, Gonzalo Fernández de Córdoba entró al servicio de Isabel.

La reina Isabel La Católica

La primera acción militar notable del Gran Capitán tuvo lugar en la batalla de Albuera en 1479, durante la guerra de Sucesión a la Corona de Castilla, donde la derrota del rey de Portugal, Alfonso V, partidario de Juana de Trastámara abrió el reino de Castilla a Isabel I.

Con el respaldo de la reina Isabel y la confianza del rey Fernando, Gonzalo Fernández de Córdoba siguió su formación militar en numerosas acciones enmarcadas en la Guerra de Granada, última de la Reconquista, convirtiéndose al cabo en el más importante jefe militar.

Terminada la Reconquista, el Gran Capitán fue enviado al reino de Nápoles en el año 1495 como General en Jefe para defender la presencia y los intereses de la Corona de Aragón puestos en peligro por la ambición del Rey de Francia.

Venció a los turcos en Cefalonia y a los franceses en Gaeta, Calabria, Garetano,… La batalla de Ceriñola sobre los franceses fue su victoria más importante. Tuvo lugar el 28 de abril de 1503. Fue el inicio de la hegemonía española en los campos de batalla de Europa.

Roto por los franceses el Tratado de Granada por el q se repartía el reino de Nápoles, le tocó a Gonzalo Fernández de Cordoba enfrentarse a los gabachos en inferioridad de condiciones. Los franceses contaban 11.000 soldados y 28 cañones; los españoles 7600 soldados y 18 cañones.

El Gran Capitán provocó a los franceses para que fueran a atacarle a Ceriñola, localidad de la región de la provincia italiana de Foggia. Antes había ordenado cavar un foso, levantar un muro sobre el que se clavaron afiladas estacas y emplazó a la artillería.

Cuando llegó el Ejército Francés, los españoles se encontraban en una posición fortificada en un enclave elevado con la artillería y los arcabuceros situados en una posición inmejorable para causar la mayor cantidad de bajas a los franceses. La batalla solo duró una hora.

Los franceses se encontraron por sorpresa con el foso con picas sin poder alcanzar a la primera línea española. En ese momento los arcabuceros españoles llegaron a disparar 4000 disparos matando incluso a Luis de Armagnac, general del Ejército Francés.

Los franceses que llegaron a la primera línea fueron rechazados por los piqueros. Para terminar la caballería española rodeo a los franceses y los obligó a rendirse. En este cuadro de Federico de Madrazo se representa al Gran Capitán contemplando el cadáver del general francés.

Gracias al Gran Capitán nacieron los Tercios españoles, un ejército que tendría la hegemonía en Europa al menos durante un siglo y medio. Su táctica se basaba en la fortificación, elección del terreno, arcabuceros, rodeleros y piqueros.

Fallecida la reina Isabel La Católica, su viudo Fernando le impuso un veto pues «nadie debía ser más que él y ningún hombre o mujer podía ganarle tampoco en altruismo sin permiso». Volvió a España por orden del Rey muriendo en Granada en el 1515.

Son famosas las llamadas «Cuentas del Gran Capitán». Al pedirle Fernando el Católico la relación de gastos Gonzalo Fernández terminó su relación escribiendo: «Cien millones por mi paciencia en escuchar ayer que el Rey pedía cuentas al que le había regalado un reino.»

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