No existía la tolerancia religiosa en ninguna parte de Europa cuando reinó Felipe II

La leyenda negra contra España, propagada sobre todo desde Alemania, Gran Bretaña y Holanda, achaca a la España de Felipe II su «intolerancia religiosa» como si el resto de Europa hubiera sido un mar de paz y permisividad. Y no hay nada más lejos de la realidad (sigue)

Joseph Pérez lo explica de la siguiente manera: «No existía la tolerancia religiosa en ninguna parte de Europa. No admitían la pluralidad en ese tiempo.»

«Para ser un buen español, un buen francés o un buen alemán había que tener la misma religión que el rey. No existía sentimiento nacional según entendemos hoy, pero uno compartía con el rey la religión y esta comunidad de fe hacía mucho para federar el país.»

«Los reyes ingleses tampoco permitían que hubiera católicos en su reino. Los católicos ingleses tuvieron que esperar hasta 1830 para tener los mismos derechos que los anglicanos. No tiene sentido hablar de un rey intolerante en Europa, cuando todos lo eran.»

Las palabras de Joseph Pérez a las que hago mención en este artículo las pueden encontrar en esta entrevista en el diario ABC: «Lo del genocidio en América es una barbaridad, ¿por qué iban a matar a la gallina de los huevos de oro?»

Martin Lutero, q se pasó toda la vida equiparando a los españoles con los turcos y judíos, escribió “Sobre los judíos y sus mentiras” en 1543. En ese panfleto rebuznó q las escuelas judías y las sinagogas debían ser incendiadas, quemados sus hogares y confiscadas sus propiedades.

En ese libro Lutero también afirmó que los judíos debían ser enviados a Judea “para vernos por fin libres de ese repulsivo gusano. Para nosotros, ellos son una grave carga, la calamidad de nuestra existencia. Son una peste enclavada en nuestras tierras”.

Lutero: «Tendremos que expulsar a los judíos como perros rabiosos a fin de no convertirnos en cómplices de su abominable blasfemia y todos sus otros vicios y por ello merecer la ira de Dios terminar malditos junto a ellos.»

Kamen: «En los estados de toda Europa los disidentes fueron ejecutados, familias enteras fueron obligadas a marchar al destierro, las minorías fueron perseguidas y los libros prohibidos.»

Kamen: «La inquisición no fue nunca un rasgo característico de la Península Ibérica: donde alcanzó su mayor eficacia fue en la Francia medieval, pero también desarrollo sus actividades en Alemania, así como en Italia y en los Países Bajos con posterioridad a la Reforma.»

Dumont: ”La Reforma de Enrique VIII en Inglaterra desencadenó su locura asesina. En unos cuantos años hizo perecer bajo el hacha a 2 cardenales, 2 arzobispos, 18 obispos, 13 abades, 500 priores y monjes, 38 doctores de universidad, 12 nobles, 164 caballeros, otros 224 ciudadanos.”

Dumont: “Desaparecido Enrique VIII, María Tudor la ‘Sangrienta’, esta vez en el bando católico, exterminaba a otros tantos. A continuación, fue, de nuevo en el bando reformado, la no menos sangrienta Isabel I la que hacía masacrar a calvinistas y católicos, indistintamente.”

Dumont: ”Más tarde, cuando los puritanos accedieron al poder, instalaron su represión, desbordante, llegando hasta el genocidio puro y simple del pueblo católico irlandés, especialmente en 1649, con unas 40.000 víctimas, masacradas o vendidas como esclavos.”

Roca Barea: «Calvino empezó por eliminar cualquier atisbo de oposición a su doctrina. El procedimiento habitual fue la ejecución de los opositores para terminar siendo el dueño absoluto de la vida política, económica y religiosa de Ginebra».

Roca Barea: «Las Ordenanzas de Calvino proscriben toda forma de disidencia…y de disfrute. Se prohíben los días de fiesta, la música y el órgano en la misa, y hasta las campanas. Los destierros y la hoguera se convirtieron en un paisaje semanal».

Las víctimas de Calvino alcanzan las 500 personas en un periodo de 10 años, ya fueran ejecutadas en la hoguera como Miguel Servet o clavando los pies del reo en una estaca y decapitándolo tirando de su cabeza hasta desprenderla del resto del cuerpo.

«La libertad religiosa no existió en ninguna parte en los tiempos en que funcionaba nuestra Inquisición; la existencia de este tribunal no puede en modo alguno erigirnos en excepción dentro del grupo de las naciones civilizadas; la libertad política, íntimamente unida entonces y ahora a la religiosa, no se vio en ningún país de los siglos XVI, XVII y XVIII; nuestros monarcas no fueron los únicos que reprimieron sangrientamente los delitos religiosos, ni la represión por sus representantes realizada fue más cruel que la ordenada por otros reyes; el libre examen sólo sirvió para que los hombres se asesinasen unos a otros en nombre de la libertad de conciencia y la libertad religiosa y política no existe aún en la mayor parte de los países que nos tachan de intolerantes.»

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