La Inmaculada Concepción, el Tercio de Bobadilla y el «Milagro de Empel»

Hoy hace 435 años, la noche del 7 al 8 de diciembre de 1585, las aguas que inundaban los alrededores del montecillo de Empel se helaron y permitieron a los hombres del Tercio Viejo de Zamora comandados por Francisco Arias de Bobadilla, escapar a una más que segura muerte.

Cuentan que las aguas se helaron gracias la intervención de la Inmaculada Concepción ¿Y que hacían esos hombres en aquella elevación? Las tropas de Alejandro Farnesio, duque de Palma, Farnesio y de Castro, habían liberado Amberes de los protestantes el 15 de agosto de 1585.

Tras vencer en Amberes, el duque de Parma estimó necesario enviar tropas a Brabante donde existían varias poblaciones católicas que estaban siendo oprimidas por los rebeldes protestantes y las recién llegadas tropas británicas de la anglicana reina Isabel I.

Hacia aquel lugar, Farnesio envía un ejército al mando del conde Carlos de Mansfeld con ordenes de dirigirse al norte del Ducado de Brabante e iniciar la tarea de liberación. A ese contingente se unen los Tercios Viejos de Zamora o de Bobadilla, Maestre de Campo que los dirigía.

Carlos de Mansfeld

Mansfeld manda acampar al grueso de las tropas en la orilla meridional del río Mosa y ordena a Bobadilla que ocupe la isla de Bommel con el Tercio Viejo de Zamora, integrado por tropas españolas e italianas.

Una vez en la isla, rodeada por los ríos Mossa y Waal, los protestantes envían una flota de más de doscientos navíos que se dedicará a bombardear la isla. También abren los diques que permitían que las aguas no subieran al nivel del mar.

Destruidos los diques las tropas al mando de Bobadilla únicamente encuentran refugio en una colina surtida de cuevas. Rodeados, aislados, los soldados españoles e italianos del Tercio Viejo de Zamora solo les queda rendirse o batirse hasta la muerte.

La noche del 5 de diciembre Empel es bombardeada con todo tipo de cañones y lombardas encontrándose los protestantes a tiro de mosquete. A pesar de la inferioridad católica, logran repeler el ataque protestante.

El día 6 de diciembre Bobadilla ordena a un soldado que atraviese el cerco y diese aviso al conde de Mansfeld de la penosa situación en la que se encuentra el Tercio Viejo de Zamora. Mansfield promete ayuda pero fracasa en al primer intento.

Los protestantes envían una delegación con el fin de que el Tercio de Bobadilla capitule: «No esperasen (los de Bobadilla) poder pelear o morir honradamente pues habían de perecer como brutos de hambre y frío entre aquellas cuevas».

Los protestantes no se quedaron sin respuesta por parte de Bobadilla: «Los infantes españoles prefieren la muerte a la deshonra. Ya hablaremos de capitulación después de muertos».

Llega el 7 de diciembre. Los españoles rodeados de agua y muerte. Un español cava una trinchera para guarecerse del viento gélido y del fuego enemigo. Aparece una hermosa pintura con la imagen de la Virgen María de tantos vivos colores que causa emoción entre los soldados.

Los soldados católicos se encomiendan la Inmaculada Concepción. El capellán Fray García de Santisteban ofrece una salve cantada a coro y celebra una misa. Las aguas que rodean la isla en que se defende el Tercio Viejo de Zamora se hielan cuando cae la noche.

El 8 de diciembre la tropa holandesa tiene que retirarse sino quiere verse atrapada por el hielo. Bobadilla ordena atacar: «¡Soldados! El hambre y el frío nos llevan a la derrota, pero la Virgen Inmaculada viene a salvarnos.»

Los españoles e italianos del Tercio de Bobadilla corren sobre el hielo. Atacan los fuertes que habían levantado los protestantes, los barcos, los derrotan, toman dos mil prisioneros y sacian sus hambre y sed con sus viandas.

En Empel existe una capilla o ermita erigida en el año 2000 dedicada la Inmaculada Concepción. Se encuentra en el lugar en donde estaba una antigua iglesia destruida por los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial.

La Inmaculada Concepción pasa gracias al «Milagro de Empel» a convertirse en la patrona de los Tercios y a partir del 12 de noviembre de 1892, por orden de la reina Regente María Cristina, lo será también patrona del Arma de Infantería de España.

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