Beatriz Bermúdez de Velasco, una extremeña que luchó junto a Hernán Cortés en la toma de Tenochtitlan

¿Sabían que las huestes del gran Hernán Cortés contaron con varias mujeres soldado españolas en su lucha contra la tiranía azteca? Una de ellas fue Beatriz Bermúdez Velasco, “la Bermuda” que, blandiendo un escudo indiano y una espada española impidió la huida en la conquista de Tenochtitlan.

Beatriz Bermúdez de Velasco, la “Bermuda”, extremeña, estaba casada con Francisco de los Olmos. Encontrándose ambos en Cuba, el marido decidió enrolarse en la expedición de Hernán Cortés con destino a los territorios que en el futuro bautizaría como Nueva España.

Dña. Beatriz, ni corta ni perezosa, se embarca junto a su marido en los barcos que parten de Cuba hacia los dominios aztecas con Hernán Cortés al frente. El 10 de febrero de 1519 quinientos españoles parten camino a lo desconocido.

Once días tardaran en llegar a tierras de la futura Nueva España, en concreto a la isla de Cozumel. Dña. Beatriz será testigo de la destrucción de las naves, de los pactos de Hernán Cortes con los tlaxcaltecas, de la Noche Triste, de la batalla de Otumba, …

Cuadro de Augusto Ferrer Dalmau

Dos años de guerra y de pactos con los pueblos que tenían oprimidos los aztecas o mexicas: xochimilcos, otomíes, huejotzingos, cholusenses, chinantecos y chalqueños y por supuesto tlaxcaltecas y totonacas.

El asedio a Tenochtitlan comenzará el 30 de mayo de 1521. Unos mil españoles junto con decenas de miles de indígenas aliados, sobre todo tlaxcaltecas, rodearán la ciudad. Se tendrán que enfrentar a unos 200.000 mexicas o aztecas.

Según el soldado y cronista Bernal del Castillo, “en mitad de la laguna salada se asienta la metrópoli, como una inmensa flor de piedra, comunicada a tierra firme por cuatro puertas y tres calzadas, anchas de dos lanzas jinetas.”

Estando por tanto rodeados los aztecas consideraron que la única oportunidad que les quedaba era lanzarse a la desesperada contra los españoles y sus aliados indígenas. Y así lo hicieron matando e hiriendo a cuantos podían.

Muchos de los españoles e indios que fueron atacados por los aztecas decidieron “volver las espaldas” a los atacantes y lanzarse a una retirada hacia su real. Aquí es cuando interviene Beatriz Bermúdez de Velasco armada con una espada, protegiéndose con un escudo y un casco.

“¡Vergüenza, vergüenza, españoles, empacho, empacho! ¿Qué es esto que vengáis huyendo de una gente tan vil, a quien tantas veces habéis vencido?”

«Volved a ayudar a socorrer a vuestros compañeros que quedan peleando, haciendo lo que deben; y si no, por Dios os prometo de no dexar pasar a hombre de vosotros que no le mate; que los que de tan ruin gente vienen huyendo merecen que mueran a manos de una flaca mujer como yo.”

Cervantes de Salazar: “Fue tal la vergüenza que sintieron los soldados españoles y el efecto de las palabras de Beatriz, que volvieron hacia los enemigos ya victoriosos, dando lugar a la batalla más sangrienta y reñida que jamás hasta entonces se había visto.”

“Finalmente, al cabo de gran espacio, los españoles vencieron, poniendo en huida a los enemigos, siguiendo el alcance hasta donde los compañeros estaban peleando, a los cuales ayudaron de tal manera que todos salieron aquel día vencedores…”

“…de donde se entenderá lo mucho que una mujer tan valerosa como ésta hizo y puede hacer con hombres que tienen más cuenta con la honra que con la vida, cuales entre todas las nasciones suelen ser los españoles.”

Según cuenta Bernal Díaz del Castillo, Beatriz Bermúdez de Velasco fue una de las mujeres invitadas de honor en la selecta cena que Hernán Cortés dio para celebrar el triunfo sobre los aztecas. Las otras mujeres eran María de Estrada e Isabel Rodríguez.

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