Campamento romano cerdeña
Un campamento romano ha permitido situar con precisión, por primera vez, uno de los episodios más tardíos y menos documentados de la conquista de Hispania: la represión de la revuelta de los ceretanos en el año 39 a.C. El hallazgo, obra de un equipo de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), se produjo en el yacimiento de Collet de Jovell, en el municipio de Urús (Lleida), dentro del territorio histórico de la Cerdaña, en el Pirineo oriental. La investigación, basada en prospección arqueológica y en el análisis de la distribución espacial de los materiales recuperados, confirma que este rincón pirenaico fue escenario de un enfrentamiento armado que Casio Dión ya había relatado siglos atrás, pero cuya ubicación exacta se desconocía hasta ahora.
Los ceretanos, tribu íbera asentada en los valles y pasos de montaña de la Cerdaña, fueron uno de los últimos focos de resistencia indígena frente a Roma en el nordeste peninsular. Casi dos siglos después del desembarco romano en Empúries (218 a.C.), y en pleno periodo de inestabilidad del Segundo Triunvirato, esta comunidad protagonizó un levantamiento que, según la fuente clásica, sorprendió a las tropas romanas y las obligó a retirarse tras caer en una emboscada.
Proyectiles de honda firmados por el gobernador de Hispania Citerior hallados en el campamento romano

La clave que ha permitido datar y atribuir el yacimiento con tanta precisión ha sido el hallazgo de proyectiles de honda de plomo con inscripciones hallados en el campamento romano. Entre el conjunto de materiales recuperados, clavos de caligae (el calzado militar de los legionarios), fíbulas, monedas y otros elementos de carácter militar, todos ellos fechados en la segunda mitad del siglo I a.C.,, dos de estas glandes inscritas conservan las siglas CN(EUS) D(OMITIUS). Los investigadores las han identificado con Gneo Domicio Calvino, representante de Augusto en la provincia de Hispania Citerior en el año 39 a.C. y comandante de las tropas que sofocaron la revuelta ceretana tras el revés inicial sufrido por los romanos.
El campamento romano se emplaza en una posición elevada que domina el acceso al llano de la Cerdaña, un detalle que refuerza la hipótesis del equipo dirigido por Oriol Olesti, Joan Oller y Jordi Morera: el enclave fue elegido deliberadamente para vigilar los movimientos de la población indígena y asegurar las líneas de comunicación romanas en una región que, pese a los años transcurridos desde el desembarco en Empúries, seguía siendo hostil al dominio itálico. El abandono generalizado de asentamientos ceretanos que se observa en el registro arqueológico de la segunda mitad del siglo I a.C. apunta en la misma dirección: la de un territorio sometido por la fuerza en esta fase final de la conquista.
Redibuja la geografía de la conquista del nordeste peninsular
Hasta ahora, la revuelta ceretana se situaba tradicionalmente en una zona más occidental del Pirineo. La identificación de Collet de Jovell devuelve estos hechos al territorio original de los ceretanos, una comarca ampliamente documentada gracias al trabajo desarrollado durante los últimos veinticinco años por el equipo del proyecto PATCA (Paisatge i Territori a la Cerdanya Antiga). El hallazgo no es, por tanto, fruto de una prospección aislada, sino la culminación de un cuarto de siglo de trabajo sistemático sobre los patrones de poblamiento y la organización territorial de la Cerdaña antigua.
Este campamento romano se suma así a la creciente lista de yacimientos militares romanos documentados en el norte de la Península en los últimos años , en la línea de los descubiertos en relación con las Guerras Cántabras, y confirma que la llamada «pacificación» de Hispania por parte de Augusto no fue un proceso uniforme ni rápido, sino una sucesión de campañas puntuales contra bolsas de resistencia que persistieron hasta bien entrada la última década del siglo I a.C. Para los investigadores, este episodio representa el último conflicto armado conocido de la conquista romana en el territorio histórico de los ceretanos.