Hospital de Jesús
Hospital de Jesús
Tenochtitlan cae el 13 de agosto de 1521. Tres años después, en 1524, Cortés funda en la misma ciudad un hospital. Sigue funcionando hoy: es la institución sanitaria más antigua de América que nunca ha dejado de atender pacientes.
Un hospital laico para españoles e indios
Se llamó primero Hospital de la Purísima Concepción y se levantó en el cruce de las actuales calles República del Salvador, 20 de Noviembre, Mesones y Pino Suárez, el lugar donde la tradición sitúa el encuentro entre Cortés y Moctezuma en 1519. Estudios recientes sitúan el punto real unos 800 metros más al sur, pero el símbolo ya tiene cuatro siglos de antigüedad.
Su primer director fue fray Bartolomé de Olmedo, capellán de la expedición. Nació como hospital laico, sin depender de ninguna orden religiosa, con un principio fundacional poco habitual para la época: atender a españoles e indios sin distinción. Los historiadores discuten cuánto se cumplió esa igualdad en la práctica desde el primer día, pero quedó escrita como norma apenas tres años después de terminar la conquista.
Cortés lo dotó de rentas en su testamento. Tras su muerte en 1547, sus herederos, los duques de Terranova y Monteleone, lo sostuvieron durante generaciones, incluso después de la independencia de México, cuando ya no tenían vínculo político con el país. Ese carácter laico lo salvó de las Leyes de Reforma del siglo XIX, que sí liquidaron buena parte del patrimonio conventual novohispano. Su gestión pasó a un patronato de médicos mexicanos en 1932, que sigue a cargo hoy.
El nombre de Hospital de Jesús llegó en 1665, cuando el templo anexo recibió una imagen de Cristo crucificado ganada, según la tradición, en una rifa. El edificio combina patios renacentistas con columnas toscanas y un artesonado de 153 octaedros tallados por Nicolás de Yllescas hacia 1578. En 1934 el arquitecto José Villagrán añadió un cuerpo de cinco plantas para el ensanche de la avenida 20 de Noviembre, sin que el hospital dejara de atender un solo día.
En 1646 se practicó en el Hospital de Jesús la primera autopsia con fines docentes de la que hay constancia en América, durante una clase de anatomía de la Universidad de México.
La tumba errante de Cortés se encuentra al lado del Hospital de Jesús
La tumba de Hernán Cortés tuvo un destino tan accidentado como su vida. Murió cerca de Sevilla en 1547 y sus restos no llegaron a México hasta 1566. Pasaron primero por el convento de San Francisco y no se instalaron en la iglesia de Jesús Nazareno hasta el 8 de noviembre de 1794, por iniciativa del virrey Revillagigedo. Duraron poco en paz: en la noche del 15 al 16 de septiembre de 1823, el político Lucas Alamán los sacó en secreto y los escondió bajo el suelo del templo ante el riesgo de que el sentimiento antiespañol de la independencia los profanara. Solo una carta depositada en la legación española indicaba dónde estaban. En 1836 recibieron una nueva sepultura sin marca visible. Permanecieron así, prácticamente olvidados, hasta el 24 de noviembre de 1946, cuando Fernando Baeza y el historiador Alberto María Carreño los localizaron dentro de una caja con esmaltes de oro. Se les dio sepultura definitiva el 9 de julio de 1947, con una placa conmemorativa que puede visitarse hoy.
Cinco siglos después de su fundación, el Hospital de Jesús sigue en pie y sigue atendiendo pacientes. Mientras el relato habitual de la conquista se detiene en la destrucción de un imperio, en el mismo lugar donde ese imperio cayó su artífice levantó, tres años después, una institución sanitaria pública que no ha dejado de funcionar desde entonces.