La conquista de México suele presentarse como la historia de unos pocos cientos de españoles que derrotaron a un poderoso imperio. Sin embargo, esa visión simplifica en exceso unos acontecimientos mucho más complejos. La caída del Imperio mexica no habría sido posible sin el apoyo de decenas de miles de guerreros indígenas. Entre todos ellos, ningún aliado fue tan importante para Hernán Cortés como los tlaxcaltecas.
Cuando los españoles llegaron a Mesoamérica en 1519, Tlaxcala era una confederación de ciudades-estado situada al este del valle de México. A diferencia de muchos de sus vecinos, los tlaxcaltecas habían logrado mantener su independencia frente al Imperio mexica, aunque a costa de décadas de guerras y enfrentamientos.
De enemigos a aliados
El primer contacto entre españoles y tlaxcaltecas estuvo lejos de ser amistoso. Cuando Cortés y sus hombres se aproximaron al territorio de Tlaxcala, fueron recibidos con hostilidad y se produjeron varios combates.
Durante semanas, los guerreros tlaxcaltecas intentaron expulsar a los recién llegados. Sin embargo, tras comprobar la capacidad militar de los españoles y valorar la oportunidad que representaban para enfrentarse a su principal enemigo, los dirigentes de Tlaxcala optaron por negociar una alianza.
La decisión fue trascendental. Los tlaxcaltecas veían en los españoles una posibilidad de acabar con la hegemonía mexica, que durante años había intentado someterlos sin éxito. Para Cortés, la alianza suponía obtener miles de guerreros, abastecimientos, refugio y una base segura desde la que continuar su avance hacia Tenochtitlan.
El papel decisivo en la caída de Tenochtitlan
A partir de entonces, los tlaxcaltecas acompañaron a Cortés en prácticamente todas sus campañas. Participaron en la entrada en Tenochtitlan, en la retirada conocida como la Noche Triste y en la posterior reconquista del valle de México.
Durante el asedio final de la capital mexica en 1521, los contingentes indígenas aliados superaban ampliamente en número a los españoles. Diversos estudios estiman que decenas de miles de guerreros tlaxcaltecas combatieron junto a las tropas de Cortés.
Además de luchar en primera línea, los aliados indígenas proporcionaron información sobre el terreno, traductores, porteadores, alimentos y apoyo logístico. Sin esa colaboración, la conquista habría resultado extremadamente difícil, cuando no imposible.
La caída de Tenochtitlan el 13 de agosto de 1521 marcó el final del Imperio mexica y el comienzo de una nueva etapa en la historia de Mesoamérica.
Recompensas y privilegios
La Corona española reconoció la importancia de la ayuda prestada por Tlaxcala. A diferencia de otros pueblos indígenas, los tlaxcaltecas conservaron numerosos privilegios durante la época virreinal.
Sus dirigentes mantuvieron parte de sus títulos y propiedades, recibieron exenciones tributarias y gozaron de una posición destacada dentro de la Nueva España. La Monarquía Hispánica consideró a Tlaxcala una aliada más que un territorio conquistado.
Con el paso de los siglos, la imagen de los tlaxcaltecas quedó envuelta en la polémica. Algunos sectores nacionalistas mexicanos los acusaron de haber «traicionado» a México. Sin embargo, esa interpretación resulta anacrónica. En 1519 no existía México como nación y los tlaxcaltecas luchaban por los intereses de su propio pueblo frente a un imperio que consideraban enemigo.
La historia demuestra que la conquista de México fue mucho más que un enfrentamiento entre españoles e indígenas. Fue también una guerra entre distintos pueblos mesoamericanos, en la que los tlaxcaltecas desempeñaron un papel decisivo. Sin su alianza con Hernán Cortés, el destino del Imperio mexica y de la futura Nueva España podría haber sido muy diferente.

