Galvez ayuda española

La contribución olvidada: El papel decisivo de la ayuda española en el nacimiento de los Estados Unidos

El 4 de julio de 1776 el Congreso de las Trece Colonias proclamó en Filadelfia la independencia de los Estados Unidos. Los yanquis suelen reconocer la ayuda que les prestó Francia, pero olvidan la decisiva ayuda española que les sirvió para librarse del inglés.

Desde 1776, España empezó a enviar armas, pólvora, uniformes, mantas y dinero a los rebeldes americanos a través de una compañía comercial de tapadera, Roderigue Hortalez et Cie, operada junto con Francia. La Corona española no quería una guerra abierta con Gran Bretaña todavía, pero sí quería debilitarla, así que el apoyo se canalizó en secreto.

Bernardo de Gálvez, joven gobernador de la Luisiana española, fue la pieza clave de esa ayuda temprana. Desde Nueva Orleans permitió que barcos rebeldes remontaran el Misisipi cargados de suministros, esquivando el bloqueo naval británico, y facilitó rutas de abastecimiento que resultaron vitales para los ejércitos de Washington en un momento en que las Trece Colonias apenas tenían capacidad industrial propia para fabricar pólvora o armamento.

El frente militar: La entrada en guerra y las campañas decisivas de Gálvez

En 1779, España declaró la guerra a Gran Bretaña como aliada de Francia. Nunca firmó un tratado formal con el nuevo Congreso americano ni reconoció oficialmente la independencia hasta el final del conflicto, pero su entrada en la guerra cambió el tablero por completo: obligó a Gran Bretaña a repartir su flota y sus tropas entre varios frentes distintos, aliviando la presión sobre el ejército continental.

Con el mismo espíritu con el que siglos antes los exploradores españoles habían recorrido a pie miles de kilómetros de territorio norteamericano, Bernardo de Gálvez organizó y lideró personalmente una campaña militar en el golfo de México que arrebató a los británicos plaza tras plaza. Conquistó Baton Rouge y Manchac en 1779, tomó Mobile en 1780 y finalmente rindió Pensacola en 1781, capital de la Florida Occidental británica, tras un asedio en el que el propio Gálvez fue herido.

Estas victorias no solo abrieron un segundo frente que distrajo tropas y barcos británicos que de otro modo habrían combatido en el norte contra Washington, sino que también aseguraron el control español del Misisipi y del golfo, garantizando que la ruta de suministros a los rebeldes siguiera abierta hasta el final de la guerra.

Plata para la victoria y la paradoja de una alianza sin gloria

La ayuda española no fue solo militar. La Corona y comerciantes españoles prestaron y donaron sumas considerables que sirvieron para pagar tropas, comprar suministros y, en el tramo final de la guerra, contribuyeron a financiar la campaña de Yorktown (1781), la batalla que selló la derrota británica. Hay incluso relatos según los cuales fueron monedas de plata recaudadas en La Habana las que permitieron pagar al ejército americano en las semanas previas al asedio final.

Desde Ponce de León pisando Florida en 1513 hasta Bernardo de Gálvez tomando Pensacola en 1781, España estuvo presente en el mapa de lo que hoy es Estados Unidos casi trescientos años antes de que existiera como nación y también en el instante mismo de su nacimiento. La ironía es doble: el país que ayudó a explorar el territorio, a fundar sus primeras ciudades y a que sus indígenas conocieran el caballo sin necesidad de exterminarlos, fue también el que ayudó a financiar y a combatir por la independencia de un país que, andando el tiempo, arrebataría a España y a México buena parte de esos mismos territorios.

Se trató de una alianza sin gloria ni reconocimiento posterior: al firmarse la paz de 1783, España recuperó Florida y Menorca, pero no Gibraltar, y la nueva nación independiente que había ayudado a nacer acabaría, con las décadas, siendo la misma que se expandiría hacia el oeste a costa de los territorios que españoles y luego mexicanos habían colonizado durante siglos.

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