Un equipo multidisciplinar de investigadores de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) ha certificado un hallazgo excepcional: un amuleto auténtico del Antiguo Egipto, en forma de escarabajo egipcio grabado con el nombre de un faraón, en el interior de una tumba íbera en la provincia de Ciudad Real.
La pieza, descubierta en la necrópolis de El Toro, situada en el municipio de Alcubillas, ha sido objeto de un riguroso análisis arqueológico liderado por la UCM. Sus resultados epigráficos definitivos acaban de ver la luz a través de la prestigiosa revista científica de egiptología y estudios del Próximo Oriente Aula Orientalis (editada por la Universidad de Barcelona), confirmando una conexión comercial y cultural directa e impensable entre el Delta del Nilo y la Meseta sur española hace más de 2.600 años.
Un escarabeo real de 1,5 centímetros
El objeto en cuestión es un escarabeo —un amuleto con forma de escarabajo pelotero que para los egipcios simbolizaba la resurrección y el Sol naciente— de dimensiones diminutas: apenas 1,5 centímetros de longitud. Está fabricado en fayenza de un llamativo color azul turquesa.
Lo que ha desatado la fascinación de los egiptólogos de la Universidad Complutense es la inscripción de su base ovalada. Tras limpiar y estudiar los micrograbados, los expertos identificaron cinco signos jeroglíficos perfectamente legibles que forman el antropónimo Psamtek (Psamético), el nombre de los primeros faraones de la Dinastía XXVI (la Época Saíta).
Los análisis de los componentes químicos ratifican que no se trata de una imitación; la pieza es 100% egipcia y fue elaborada en los talleres reales de la zona de Menfis o en la colonia comercial griega de Náucratis entre la segunda mitad del siglo VII y mediados del siglo VI a. C.
El ajuar de una mujer oretana
El valor histórico de este escarabeo se multiplica por el lugar exacto donde se halló. Apareció en la tumba T5, un contexto arqueológico completamente cerrado y protegido del paso del tiempo por el equipo de la UCM. El amuleto formaba parte del selecto ajuar funerario que acompañaba a las cenizas de una mujer de la aristocracia oretana (un pueblo íbero que habitaba la zona de Castilla-La Mancha en la Edad del Hierro).
Para los investigadores madrileños, que una pieza de la corte del faraón terminara en una pira funeraria en el interior de Ciudad Real demuestra que las élites íberas locales tenían acceso a redes comerciales de larga distancia extremadamente complejas.
La «Autopista del Jabalón»: ¿Cómo llegó a la Mancha?
Los directores científicos de la investigación sostienen que el viaje de este pequeño amuleto fue una odisea mediterránea:
- Origen: Talleres artesanales del Bajo Egipto.
- Transporte marítimo: Comerciantes fenicios o púnicos adquirieron la pieza exótica y la trasladaron a lo largo del Mediterráneo hasta sus colonias en el sur peninsular (como la actual Cádiz o Málaga).
- Ruta fluvial y terrestre: Desde la costa, los objetos de lujo se introdujeron hacia el interior de la península remontando ríos. En este caso concreto, la cuenca del río Guadiana y, de manera más específica, el río Jabalón, funcionaron como una «autopista» comercial para el intercambio de vino, aceites, metals y objetos de prestigio.
Para la mujer oretana que se llevó el amuleto a la eternidad, este pequeño escarabajo azul turquesa no solo representaba una joya de un valor incalculable o un símbolo de su altísimo estatus social en la comunidad, sino un objeto cargado de una protección mágica y sagrada venida de tierras lejanas. El hallazgo de la Complutense rompe definitivamente el mito de un interior peninsular aislado y demuestra una globalización antigua fascinante.

