En el yacimiento romano de Confloenta, en la provincia de Segovia, un equipo de arqueólogos de la Universidad de Salamanca ha sacado a la luz una pieza excepcional: una cabeza-retrato de mármol que, según las primeras hipótesis de los investigadores, podría representar al emperador Galieno. Conviene subrayarlo desde el principio: no se trata de un descubrimiento confirmado, sino de una atribución provisional basada en el análisis iconográfico de la pieza, pendiente todavía de estudios más profundos. El hallazgo, presentado por la Universidad de Salamanca y la Diputación de Segovia, ha reabierto de todos modos el interés por la figura de Publio Licinio Egnacio Galieno, uno de los gobernantes más complejos y peor conocidos de la Roma del siglo III.
Un emperador en tiempos de crisis
Galieno gobernó Roma entre los años 253 y 268 d.C., primero como co-emperador junto a su padre, Valeriano, y desde el año 260 como único soberano. Le tocó reinar en uno de los periodos más turbulentos de la historia romana, la llamada «crisis del siglo III»: una época de guerras civiles, usurpaciones constantes, presión de pueblos como los godos y los alamanes en las fronteras, y un imperio que parecía a punto de fragmentarse en varios pedazos.
El golpe más duro de su reinado llegó en el año 260, cuando su padre Valeriano fue capturado por el rey persa Sapor I durante una campaña militar, convirtiéndose en el único emperador romano de la historia hecho prisionero por un enemigo extranjero. Galieno tuvo que asumir en solitario el gobierno de un imperio asediado por todos los frentes, enfrentándose además a numerosos usurpadores que reclamaban el trono para sí, entre ellos Póstumo, que llegó a fundar un «Imperio de las Galias» independiente.
Pese a las dificultades, Galieno impulsó reformas militares importantes, como la creación de un cuerpo de caballería móvil que reforzaba la capacidad de reacción del ejército, y apartó a los senadores de los mandos militares en favor de oficiales profesionales, un cambio que sentaría las bases del ejército romano tardío.
Un hallazgo por confirmar en Confloenta
Fue precisamente en este contexto histórico donde se enmarca el reciente descubrimiento. El equipo dirigido por Juan José Palao Vicente, catedrático de Historia Antigua de la Universidad de Salamanca, y Santiago Martínez Caballero, director del Museo de Segovia, localizó la pieza durante los trabajos finales de la campaña de excavación de 2025 en Confloenta, una ciudad romana situada en el actual municipio de Sepúlveda (Duratón, Segovia) y que funcionaba como un importante nudo de comunicaciones en la cuenca del Duero.
La pieza es una cabeza-retrato de mármol de tamaño natural, de gran calidad técnica, hallada en el pórtico que cerraba la plaza del foro, el principal espacio público de la ciudad. Su posición original, junto a otros restos monumentales, sugiere que formaba parte de un complejo dedicado a la representación pública del poder imperial, posiblemente vinculado al culto al emperador. Presenta una fractura irregular en el cuello que todavía no permite determinar si perteneció a un busto exento o a una estatua de cuerpo completo.
Los análisis preliminares apuntan a que el mármol utilizado es de importación, lo que refuerza la idea de que Confloenta, lejos de decaer como otras ciudades hispanas en el siglo III, mantenía entonces un notable estatus económico y político.
Por ahora, los propios arqueólogos son cautos: la identificación con Galieno se basa en rasgos iconográficos compatibles con la época de este emperador, pero no hay ninguna inscripción ni prueba definitiva que lo certifique. Solo si se confirmara, el hallazgo sería excepcional: de este emperador apenas se conservan 21 retratos en todo el antiguo territorio del Imperio Romano, una escasez que tiene una explicación muy concreta y que remite al trágico final de su reinado.
El final de Galieno y la damnatio memoriae
En el año 268, mientras Galieno tenía sitiado en Milán al usurpador Aureolo, fue asesinado en una conspiración urdida por su propio círculo de oficiales, entre los que se encontraban varios de los hombres que después ocuparían el trono imperial, incluido su sucesor inmediato, Claudio II. El asesinato de Galieno fue, en realidad, uno más de la larga cadena de golpes militares que caracterizó la crisis del siglo III.
Tras su muerte, el Senado romano decretó contra su memoria una damnatio memoriae, la práctica romana mediante la cual se condenaba oficialmente el recuerdo de una persona considerada indigna. Esto se traducía en consecuencias muy concretas: la eliminación sistemática de su nombre en inscripciones públicas y la destrucción deliberada de sus estatuas y retratos oficiales en todo el imperio.
Esa es la razón por la que apenas han sobrevivido representaciones suyas hasta nuestros días, y también lo que explica la cautela de los investigadores a la hora de atribuir con certeza cualquier hallazgo a su figura. La cabeza-retrato de Confloenta es, de momento, solo una candidata a ser uno de esos escasos rostros de Galieno que lograron escapar a aquella condena histórica; su confirmación definitiva exigirá todavía análisis adicionales, y no puede descartarse que finalmente se identifique con otro personaje de la época.
Actualmente, el equipo de investigación trabaja en varios estudios científicos, con la colaboración del Museo Nacional de Arte Romano de Mérida y del Centro de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de Castilla y León, con el objetivo de esclarecer la identidad real del personaje representado. Mientras se resuelve la incógnita, la pieza puede verse ya en el Museo de Segovia, dentro de la exposición «Gallienus, imagen del poder», abierta hasta el próximo mes de septiembre.

