El 12 de enero de 1933 ocurrió la matanza de Casas Viejas en aquel «paraíso» que fue la Segunda República Española: 26 muertos, varios de ellos fusilados sobre la marcha por la Guardia de Asalto, un cuerpo policial creado en febrero de 1932. También participaron guardias civiles.

La matanza de Casas Viejas fue el resultado de la represión que llevaron a cabo las fuerzas republicanas contra el levantamiento de unos centenares de campesinos que habían asaltado el cuartel de la Guardia Civil matando a dos de sus miembros y proclamado el comunismo libertario.

Su cabecilla se llamaba Francisco Cruz Gutierrez, alias Seisdedos y estaba afiliado a la CNT que había declarado una huelga general el 8 de enero. El homicidio de los guardias civiles ocurrió el 10 de enero. Al día siguiente llegaron varios guardias civiles y ocuparon el pueblo.

También llegaron unos cuarenta guardias de asalto al mando del capitán Rojas que tenían la orden actuar sin piedad. Rojas (derecha de la foto) llegó a manifestar que tenía ordenes directas de Manuel Azaña, presidente del Gobierno: «No quiero heridos, los tiros a la barriga».

Seisdedos se refugió en su casa. Se trataba de una choza de barro y piedra. Cuando se acercó un guardia Civil le dispararon y resultó muerto. El capitán Rojas ordenó disparar con ametralladoras contra la choza y pidió que la prendieran fuego. Seis personas fueron calcinadas.

Un hombre y una mujer que trataban de huir del fuego fueron acribillados. Sólo salvo la vida una mujer que tenía un niño en brazos. A las cuatro mañana del día 12 de enero Rojas ordenó que se detuviera a los militantes anarquistas más notorios del pueblo gaditano de Casas Viejas.

Además ordenó a los guardias que dispararán a la más mínima resistencia. Unos guardias de asalto asesinaron a un anciano llamado Antonio Barberán al cerrar la puerta de su domicilio diciendo que el no era anarquista y que le dejaran en paz. Detuvieron a doce personas.

A esas personas las llevaron esposadas a donde se encontraba la choza calcinada de Seisdedos y el cadáver del guardia civil que había resultado muerto. Allí mismo los fusilaron según Rojas porque «uno le había mirado con insolencia» y no se pudo aguantar.

Además, una mujer llamada Joaquina Fernández resultó muerta después de recibir una brutal paliza. También murieron dos personas a causa de un infarto que sufrieron cuando se enteraron que sus familiares habían sido fusilados.

El capitán Rojas fue condenado a 21 años de reclusión por 14 homicidios. Alegó en su defensa que tenía órdenes del director general de Seguridad Menéndez de no dejar heridos ni prisioneros y que Azaña le había instado a «tirar a la barriga». Ambas afirmaciones resultaron falsas.

Tres de los oficiales que participaron en aquellos hechos (Gándara, Cordoncillo y López Benito) fueron detenidos en el Madrid de 1936 y asesinados por la cheka del Comité Provincial de Investigación Pública. Arturo Menéndez fue fusilado en 1936 por el otro bando en Pamplona.

Los sucesos de Casas Viejas, como no pudiera ser de otra manera, provocaron una monumental batalla mediática, política y judicial. El pueblo dejó de llamarse Casas Viejas para denominarse Benalup de Sidonia. Desde 1998 se llama Benalup-Casas Viejas.

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