Sagrado Corazón de Jesús
El 7 de agosto de 1936 culminó, con dinamita, la destrucción del monumento al Sagrado Corazón de Jesús en el Cerro de los Ángeles (Getafe, Madrid). El proceso, sin embargo, no fue un hecho aislado de un solo día: se prolongó durante varias jornadas y tuvo su momento más fotografiado, el célebre «fusilamiento» simbólico de la imagen de Cristo, unos días antes, el 28 de julio.
El monumento no era un lugar cualquiera. Inaugurado el 30 de mayo de 1919 por el propio Alfonso XIII, quien allí consagró España al Sagrado Corazón, se alzaba en lo que entonces se consideraba el centro geográfico de la Península. Obra del arquitecto Carlos Maura y el escultor Aniceto Marinas, sufragada por suscripción popular, el conjunto, de 28 metros de altura, se había convertido en un potente símbolo del catolicismo oficial de la Restauración, lo que lo situó en el punto de mira del anticlericalismo revolucionario apenas comenzada la guerra.
Los cinco asesinados por defender el monumento del Sagrado Corazón de Jesús
Antes de que llegara la destrucción del monumento, llegó la de las personas. Cinco militantes de Acción Católica,Pedro-Justo Dorado (31 años), Fidel Barrios (21), Elías Requejo (19), Blas Ciarreta (40) y Vicente de Pablo (19), habían permanecido en el Cerro de los Ángeles tras una vigilia de adoración nocturna celebrada el 18 de julio, con la intención de proteger el monumento y a las monjas carmelitas del convento vecino. La Guardia de Asalto había detenido a las religiosas el 21 de julio con el argumento de ponerlas a salvo, aunque permanecieron cerca, en la finca «Las Zorreras». Allí, la criada de la finca y su hijo vieron a los cinco jóvenes bendecir el desayuno y rezar el rosario; pensando que eran frailes, los denunciaron. El 23 de julio de 1936 un grupo de milicianos los apresó, los llevó al Cerro, los puso de rodillas frente al monumento y los fusiló.
El «fusilamiento» fotografiado del Sagrado Corazón de Jesús, el 28 de julio
La imagen que ha quedado grabada en la memoria histórica —un pelotón de milicianos apuntando sus fusiles contra la estatua de Cristo al grito de «¡Fuego!»— no corresponde al 7 de agosto, sino al 28 de julio de 1936. Ese día, un grupo de anarquistas llegado de Madrid con equipo cinematográfico escenificó y filmó el simulacro de fusilamiento; la escena, según los investigadores que han estudiado el material fotográfico conservado en el archivo de la diócesis de Getafe, se repitió en días sucesivos. Se conserva incluso una secuencia de siete segundos de la filmación, emitida por el noticiario británico British Paramount News el 18 de agosto de 1936, y que durante años se creyó falsa antes de confirmarse su autenticidad.
La fotografía la tomó un reportero de Paramount y se publicó primero en el Daily Mail de Londres, con el pie de foto «The ‘Spanish Reds’ war on religion». Poco después la reprodujo la prensa republicana española, que la presentó con el titular «Desaparición de un estorbo».
La destrucción física, entre el 6 y el 7 de agosto
La demolición material del monumento del Sagrado Corazón de Jesús fue un proceso distinto, y también gradual. El 6 de agosto, los milicianos que ocupaban el cerro intentaron derribarlo enganchando un grueso cable de acero a un tractor; el cable se rompió y el monumento, dañado, siguió en pie. Al día siguiente, 7 de agosto, una multitud llegada desde Getafe atacó la estructura a golpe de martillo y cincel sin lograr derribarla del todo, hasta que finalmente se recurrió a la dinamita, que hizo saltar el conjunto por los aires. La cabeza de la imagen, decapitada, fue arrastrada por las calles y golpeada repetidamente. El Ayuntamiento de Getafe, con el respaldo del Gobierno de la República, rebautizó el lugar como «Cerro Rojo», nombre que conservó hasta el final de la guerra.
De las ruinas a la réplica de posguerra
Terminada la contienda, el régimen de Franco recuperó el nombre original del cerro y encargó una réplica de mayor tamaño, con la imagen del Sagrado Corazón de Jesús y el pedestal a cargo de nuevo de Aniceto Marinas y los grupos escultóricos de la base obra de Fernando Cruz Solís. Las obras, dirigidas por los arquitectos Pedro Muguruza —también responsable del proyecto del Valle de los Caídos— y Luis Quijada Martínez, comenzaron el 24 de mayo de 1944 mediante suscripción nacional y, agotados los fondos, terminaron corriendo a cargo del Estado. El nuevo monumento se inauguró en 1965; diez años más tarde se añadió la cripta que alberga hoy el santuario.
Los restos del monumento original del Sagrado Corazón de Jesús, con las marcas de los golpes y la dinamita todavía visibles en el pedestal, se conservan deliberadamente frente a la réplica, como testimonio del episodio de 1936.