Cuándo las mujeres impidieron que un ejército inglés tomara Palencia

¿Saben que en el año 1387 cientos de mujeres palentinas impidieron que un ejército inglés conquistara la ciudad de Palencia? Gracias a aquella hazaña el rey Juan I les concedió “derecho de tocas”, que les permite llevar una banda dorada y roja en sus tocados y no tenerse que inclinar ante Su Majestad.

En Palencia escasean los hombres que puedan enfrentarse a los ingleses. Muchos han perecido en la batalla de Aljubarrota frente a los portugueses. Otros están prisioneros de los portugueses y los que no enrolados en el ejército del rey Juan I de Castilla.

En cuanto ven que se acercan los estandartes, las mujeres palentinas primero se resguardan tras las murallas y cuando comprenden que sus muros no detendrán a los súbditos del rey de Inglaterra, optan por salir a su encuentro.

Armadas con cuchillos, azadas, guadañas, hachas, piedras…Con pañuelos anudados en la cabeza, mandiles y zuecos deciden salir cuando cae la noche hacia el lugar donde han acampado los ingleses, quienes saben que en Palencia escasean los hombres, pero abundan las mujeres.

Pensando que las mujeres jamás osarían atacarles, los ingleses tienen el campamento escasamente guarecido. Los pocos soldados que hacen guardia sufren un profundo corte en su gaznate y pasan a mejor vida.

Los ingleses mueren en sus tiendas, en sus catres. La encamisada tiene éxito. El ataque de las mujeres de Palencia logra que los ingleses piensen que han caído en una emboscada. Abandonan el campamento a la espera de que amanezca y logren ver cuántos y quiénes son sus atacantes.

Pero por la mañana llega el ejército castellano en auxilio de la ciudad de Palencia y sus mujeres. A partir de ahora los ingleses dejarán la guerra y pactarán con los castellanos. No les queda más remedio.

Lo primero que se preguntarán ustedes es que puñetas hacía un ejército inglés en las proximidades de la ciudad castellana de Palencia en el año 1387. Juan de Gante, duque de Lancaster, y su mujer pretendían hacer valer sus derechos a la corona de Castilla.

El duque de Lancaster se había casado en segundas nupcias con Constancia de Castilla, hija del rey Pedro I, al que unos conocen como el “Cruel” y otros como el “Justiciero”. El monarca había sido asesinado por su hermanastro Enrique II el 23 de marzo de 1369 en Montiel.

Muerto Pedro I, su asesino, Enrique de Trastámara también llamado el “Fratricida” subió al trono de Castilla. Evidentemente la hija del asesinado y su marido inglés no estaban de acuerdo, pues después del asesinato de Pedro I, deberían haber sido ellos reyes de Castilla.

Enrique II de Castilla falleció el 29 de mayo de 1379 de forma natural. Muerto el Rey, viva el Rey. Su hijo Juan accede al trono. Se casa con Beatriz, hija del rey Fernando I de Portugal y por tanto heredera de aquel reino.

Al fallecer Fernando I de Portugal, Juan I de Castilla y su esposa Beatriz de Portugal serán reconocidos por Clemente VII, papa de Aviñón, como monarcas lusos. En nombre de ambos ejercería la regencia la madre de Beatriz, Leonor Téllez de Meneses.

Pero no podía ser tan sencillo. Un hijo ilegítimo de Pedro I de Portugal, hermanastro de Fernando I, también quiere ser rey, el maestre de Avís, Juan. Su ejército vencerá a los castellanos en Trancoso y Aljubarrota. La derrota de los ejércitos de Juan I de Castilla será total.

Creyendo que la derrota en Aljubarrota les proporcionaba la oportunidad de alcanzar el trono de Castilla, Constanza hija de Pedro I el «Cruel», y su marido Juan de Gante desembarcan en el 1386 con un ejército en Galicia contando con el apoyo de Inglaterra y Portugal.

Y es en este momento cuando un ejército inglés aparece ante Palencia. Viendo que con la guerra nada obtienen, Juan de Gante y su esposa Constanza de Castilla pactan con Juan I de Castilla que sus primogénitos se casen: el 17 de septiembre de 1388 se casan Catalina de Lancaster y el futuro Enrique III de Castilla.

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