En la madrugada del 13 de julio de 1936, un grupo de guardias de asalto y policías de ideología izquierdista decidió salir en busca de varios dirigentes de la oposición acabando asesinado a José Calvo Sotelo. La acción respondía al deseo de vengar la muerte del teniente José Castillo, guardia de asalto al que se acusaba de haber disparado a quemarropa contra el estudiante carlista José Luis Llaguno Acha durante el entierro de un guardia civil asesinado el 14 de abril de ese mismo año.
Castillo era militante de la Unión Militar Republicana Antifascista y destacaba como líder de las milicias socialistas. Los domingos por la tarde entrenaba a las Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas en el monte de El Pardo, y había participado activamente en la represión de miembros de la Falange y de otras organizaciones de derechas.
La organización del operativo
La noche del 12 de julio, antiguos compañeros de Castillo, reunidos en el Cuartel de la Guardia de Asalto de la calle Pontejos, decidieron vengar su muerte asesinando a un político destacado de la derecha. El grupo estaba liderado por el guardia civil Fernando Condés, quien había sido compañero de Castillo en Marruecos y había participado en la insurrección de 1934 en Madrid, por lo que fue condenado a cadena perpetua e indultado tras la victoria del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936. Tras el indulto, Condés entrenó a la milicia La Motorizada, encargada de escoltar al líder del PSOE Indalecio Prieto, y se había reincorporado a la Guardia Civil el primer día de julio de 1936.
Condés subió a la camioneta número 17 de la Guardia de Asalto junto a otros militantes socialistas, entre ellos Luis Cuenca Estevas, de La Motorizada y las Juventudes Socialistas, y Santiago Garcés Arroyo, también socialista y miembro de la escolta de Prieto. Los acompañaban nueve guardias de asalto, entre ellos José del Rey, escolta de la diputada socialista Margarita Nelken.
En un principio el grupo buscó a José María Gil-Robles, sin poder localizarlo porque se encontraba de vacaciones en Biarritz. Intentaron después dar con el exdiputado Antonio Goicoechea, tampoco en su domicilio. Finalmente se dirigieron a la vivienda del diputado de Renovación Española José Calvo Sotelo.
Llegaron a su domicilio hacia las tres de la madrugada. Condés mostró su carnet de la Guardia Civil a los escoltas del político, logrando acceder a la finca y, posteriormente, al piso, donde comunicaron a Calvo Sotelo que no se trataba de una detención, sino de una orden para trasladarlo a una reunión de urgencia en la Dirección General de Seguridad.
El diputado fue conducido a la furgoneta número 17, donde se sentó junto a Luis Cuenca. Ya en marcha, Cuenca le disparó dos tiros en la nuca mientras circulaban por la calle de Ayala. El vehículo se dirigió después al cementerio del Este, actual Almudena, donde el cuerpo fue abandonado.
El silencio oficial y la censura de prensa
El Partido Socialista tuvo conocimiento del nombre de los autores desde primera hora del día 13, al tratarse de militantes propios, y optó por no ponerlo en conocimiento de la Justicia. Fue Indalecio Prieto quien tomó la decisión de guardar silencio sobre su identidad.
El Gobierno, por su parte, no contaba con esa información con certeza, pero impuso una censura de prensa: prohibió afirmar que Calvo Sotelo había sido secuestrado por miembros de las fuerzas del orden y solo permitió informar de que Calvo Sotelo había sido hallado muerto, sin mencionar el traslado en un vehículo policial ni el asesinato durante el trayecto. Además, declaró no poder identificar a los responsables.
Esa misma tarde, el diario Ya informó de los hechos con precisión, lo que llevó al Gobierno a ordenar su secuestro y suspender su publicación. Al día siguiente, La Época se enfrentó a la censura previa del estado de alarma, que le impedía relatar el secuestro y asesinato del diputado por fuerzas policiales. Ante esta restricción, su dirección optó por no sacar el periódico a la calle, decisión que el Gobierno respondió también con la suspensión de la cabecera.
El sumario judicial y el destino de los autores
El sumario instruido por el asesinato incluye un escrito de la Dirección General de Seguridad, Sección de Orden Público, fechado el 7 de octubre de 1936, en el que se identifica a los responsables del crimen. El documento señala que el autor material fue el capitán Ángel Cuenca Gómez, separado del servicio el 8 de septiembre de 1931, mientras que el inductor fue el capitán de la Guardia Civil Fernando Condés Romero. El escrito reconoce, además, que no fue posible determinar la identidad de otras personas que pudieran haber colaborado en el hecho.
Según el mismo documento, no se llevó a cabo la detención de los dos acusados porque, de acuerdo con las referencias oficiales disponibles, ambos habían fallecido. El escrito indica que las gestiones para esclarecer la posible intervención de otras personas continuaban en aquel momento.
El sumario recoge que Fernando Condés murió tras resultar gravemente herido en el Alto del León, en la Sierra de Guadarrama, después de haber participado en el asalto al Cuartel de la Montaña. En cuanto al autor material del disparo, el documento contiene un error: no se llamaba Ángel, como consta en el escrito, sino Luis, y falleció en el frente de Somosierra el 22 de julio de 1936.

