Hitler en París

23 de junio de 1940: la mañana que París perteneció a Hitler

El 23 de junio de 1940, apenas un día después de la firma del armisticio entre Francia y Alemania, Adolf Hitler realizó una visita relámpago a París. Aquel recorrido, cuidadosamente planificado, tenía un claro objetivo propagandístico: mostrar al mundo la magnitud de la victoria alemana y presentar al líder del Tercer Reich como el conquistador de la capital francesa.

La campaña de Francia había comenzado el 10 de mayo de 1940. En apenas seis semanas, las fuerzas alemanas derrotaron a uno de los ejércitos más poderosos de Europa. París había sido declarada ciudad abierta el 13 de junio para evitar su destrucción y las tropas alemanas entraron en ella al día siguiente sin encontrar resistencia.

Para Hitler, que admiraba la arquitectura y el urbanismo de la capital francesa, la visita suponía la culminación de una de sus mayores victorias políticas y militares.

Un recorrido por los símbolos de París

Hitler llegó a París de madrugada acompañado por varios de sus colaboradores más cercanos, entre ellos los arquitectos Albert Speer y Hermann Giesler, así como el escultor Arno Breker, que conocía bien la ciudad tras haber residido en ella durante años.

Durante unas horas recorrió algunos de los lugares más emblemáticos de la capital francesa. Visitó la Ópera Garnier, los Campos Elíseos, el Arco del Triunfo y Los Inválidos, donde se encuentra la tumba de Napoleón Bonaparte, personaje por el que sentía una especial admiración.

La imagen más famosa de aquella jornada fue tomada en el Trocadero, con la Torre Eiffel al fondo. La fotografía se convirtió rápidamente en uno de los símbolos de la victoria alemana en Europa. Curiosamente, Hitler no pudo subir a la torre porque los franceses habían inutilizado los ascensores antes de la ocupación.

El apogeo de un imperio que acabaría cayendo

La visita apenas duró tres horas, pero tuvo un enorme impacto propagandístico. Hitler quiso demostrar que Alemania había conseguido lo que el Imperio alemán no había logrado durante la Primera Guerra Mundial: derrotar a Francia y ocupar su capital.

En aquel momento, el Tercer Reich parecía imparable. Gran parte de Europa occidental estaba bajo control alemán y muchos observadores consideraban que la guerra estaba prácticamente decidida. Sin embargo, la realidad sería muy distinta.

La invasión de la Unión Soviética en 1941, la entrada de Estados Unidos en la guerra y las sucesivas derrotas militares terminaron cambiando el rumbo del conflicto. Cuatro años después de aquel paseo triunfal, París fue liberada por las fuerzas aliadas y la resistencia francesa.

La célebre fotografía de Hitler contemplando la Torre Eiffel quedó entonces como el recuerdo de una victoria espectacular, pero también como la imagen de un poder que, pese a parecer invencible, acabaría derrumbándose pocos años después.

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