El 15 de junio de 1648 fue ejecutada en Boston Margaret Jones, una comadrona acusada de practicar la brujería. Su muerte marcó el inicio de una de las etapas más oscuras de la historia de las colonias inglesas de Norteamérica, donde decenas de personas serían perseguidas y ejecutadas por supuestos pactos con el diablo.
Margaret Jones vivía en Charlestown, en la colonia de Massachusetts, y ejercía como comadrona y curandera. En una época en la que las enfermedades, las epidemias y la mortalidad infantil eran frecuentes, cualquier persona que practicara la medicina sin una explicación científica para sus resultados podía despertar sospechas. Sus vecinos comenzaron a atribuirle poderes sobrenaturales y pronto las autoridades iniciaron una investigación contra ella.
Las acusaciones que se presentaron en su contra resultan hoy difíciles de creer. Se afirmó que poseía un toque maligno capaz de provocar sordera, vómitos y dolores a quienes tocaba. También se sostuvo que podía predecir acontecimientos futuros y que sus remedios producían efectos extraordinarios. Algunos testigos llegaron a declarar que las personas que rechazaban sus tratamientos sufrían un empeoramiento de sus enfermedades.
Un juicio basado en supersticiones
El gobernador de Massachusetts y los jueces encargados del proceso siguieron métodos inspirados en las teorías del cazador de brujas inglés Matthew Hopkins, autor de un manual utilizado para identificar supuestas brujas.
Durante la investigación, Margaret Jones fue sometida a una vigilancia constante de veinticuatro horas. Uno de los observadores aseguró haber visto a un pequeño ser diabólico rondando a la acusada mientras permanecía sentada en prisión. Otro testigo declaró que había visto a Jones con un niño en brazos y que este desapareció misteriosamente al acercarse a él.
Ninguna de estas afirmaciones podía demostrarse, pero en una sociedad profundamente influida por el miedo al diablo y a la brujería fueron consideradas pruebas suficientes para condenarla.
Un precedente de los juicios de Salem
Margaret Jones fue ahorcada el 15 de junio de 1648 en Boston. Entre los asistentes a la ejecución se encontraba un niño de doce años llamado John Hale. Décadas después, Hale se convertiría en uno de los principales defensores de las acusaciones durante los famosos juicios de Salem de 1692 y 1693.
Sin embargo, cuando su propia esposa fue acusada de brujería, comenzó a cuestionar la validez de aquellas persecuciones. Con el tiempo publicó una crítica de los procesos de Salem que contribuyó a desacreditar las acusaciones y a poner fin a la caza de brujas en Nueva Inglaterra.
La historia de Margaret Jones constituye uno de los primeros ejemplos de cómo el miedo, la superstición y los prejuicios pueden imponerse a la razón y conducir a la condena de personas inocentes.

