La pirámide de Dyoser: la primera pirámide de la historia
La pirámide de Dyoser
La pirámide de Dyoser, en la necrópolis de Saqqara, a unos treinta kilómetros al sur de El Cairo, es la primera pirámide de Egipto: una construcción escalonada erigida por el faraón de la III Dinastía hacia el 2650 a.C., en la orilla occidental del Nilo, junto al gran cementerio de la antigua ciudad de Menfis. Con ella se inaugura no solo una tipología arquitectónica que se prolongaría durante más de mil años, sino también el uso sistemático de la piedra tallada en un edificio de dimensiones colosales.
Antes de Dyoser, las tumbas reales egipcias respondían al modelo de la mastaba: una estructura rectangular de adobe, de techo plano y muros ligeramente inclinados, bajo la cual se abrían las cámaras funerarias excavadas en la roca. La novedad de Saqqara consiste en superponer seis de esas plataformas, cada una menor que la anterior, hasta alcanzar unos sesenta y dos metros de altura. El resultado es una silueta escalonada que no tiene precedentes conocidos y que constituye el eslabón entre la mastaba arcaica y las pirámides de caras lisas de la IV Dinastía, las de Keops, Kefrén y Micerinos en la meseta de Guiza.
Imhotep y la pirámide de Dyoser: un proyecto que cambió sobre la marcha
La tradición egipcia atribuye la obra a Imhotep, funcionario y arquitecto al servicio de Dyoser, considerado el primer arquitecto de la historia cuyo nombre ha llegado hasta nosotros. Su prestigio fue tal que siglos después se le rindió culto como sabio y patrón de la medicina, hasta el punto de ser divinizado en época tardía.
Los trabajos arqueológicos desarrollados desde el siglo XIX, desde las exploraciones de Von Minutoli y Karl Richard Lepsius hasta las excavaciones sistemáticas de Cecil Firth y, sobre todo, la labor de Jean-Philippe Lauer a lo largo del siglo XX, han permitido reconstruir el proceso constructivo de la pirámide de Dyoser. El edificio no responde a un diseño único, sino a sucesivas ampliaciones: comenzó como una mastaba de planta cuadrada y fue creciendo en varias fases hasta adoptar la forma escalonada definitiva.
La pirámide, además, no es un elemento aislado. Forma parte de un complejo funerario cerrado por un muro perimetral y delimitado por un enorme foso excavado en la roca, que encierra un recinto sagrado de considerables dimensiones. En su interior se disponen patios, capillas y edificios ceremoniales, muchos de ellos macizos, concebidos como escenografía arquitectónica para los ritos de renovación del poder real.
Una hipótesis reciente sobre el sistema constructivo
Los métodos empleados para elevar los bloques de la pirámide de Dyoser siguen siendo objeto de debate. En 2024, un equipo dirigido por Xavier Landreau, del Instituto Paleotécnico de Francia, junto con investigadores del INRAE y de la Universidad de Orleans, publicó en la revista PLOS ONE una propuesta que ha atraído considerable atención: la posibilidad de que la construcción se auxiliara de un sistema hidráulico.
Según esta hipótesis, la enigmática estructura vecina conocida como Gisr el-Mudir habría funcionado como dique de contención para retener agua y sedimentos procedentes de un brazo hoy desaparecido del Nilo. Una serie de compartimentos excavados frente a la pirámide habría actuado como sistema de decantación, y el agua canalizada hacia los pozos interiores habría permitido elevar los bloques desde el eje central del edificio.
Conviene subrayar que se trata de una propuesta de trabajo, no de una conclusión establecida. Los propios autores la presentan como una nueva línea de investigación, y la egiptología deberá contrastarla con la evidencia estratigráfica y con los datos hidrológicos disponibles antes de que pueda considerarse algo más que una hipótesis.
La pirámide de Dyoser permanece abierta al público desde marzo de 2020, tras un proceso de restauración iniciado en 2006. Cuarenta y cinco siglos después, sigue siendo el punto de partida obligado de cualquier recorrido por la arquitectura del Antiguo Egipto.
