Acueducto de Segovia
El Acueducto de Segovia es una de las construcciones romanas que han llegado hasta nuestros días con mayor integridad, aunque su buen estado no se debe únicamente a la fábrica original: tras la destrucción parcial que sufrió en 1072 durante el asedio de Al-Mamún de Toledo, los Reyes Católicos ordenaron entre 1484 y 1489 la primera gran restauración de la obra, encargada a fray Pedro de Mesa, prior del monasterio del Parral, que reedificó 36 arcos respetando al máximo la traza romana original. Aun con esa intervención, la mayor parte del monumento conserva su sillería romana intacta, ensamblada sin argamasa.
La fecha de la construcción del Acueducto de Segovia
Durante mucho tiempo se dató el Acueducto de Segovia en el siglo I d.C., vinculándolo a los reinados de Domiciano, Nerva o Trajano, pero la ausencia de una inscripción legible en la propia estructura impidió fijar el momento exacto de su construcción. El giro decisivo llegó a finales del siglo XX, cuando el epigrafista Géza Alföldy logró reconstruir el texto de la placa de dedicación a partir de las anclas de bronce que en origen sujetaban unas letras hoy desaparecidas, situadas sobre los tres arcos de mayor altura. Su estudio apuntó al reinado de Domiciano como impulsor de la obra. Excavaciones posteriores, realizadas en 1998 en la base de los pilares, aportaron materiales que sitúan la construcción ya en los primeros años del siglo II, lo que ha llevado a Turismo de Segovia a fechar la obra en un momento posterior al año 112 d.C., hacia el final del gobierno de Trajano o ya bajo el de Adriano. La cronología, por tanto, se ha ido ajustando con cada nuevo hallazgo, y hoy se considera una obra algo más tardía de lo que durante décadas se dio por seguro.
Ingeniería sin mortero y una vida útil de casi dos mil años
El Acueducto de Segovia captaba el agua en el río Frío, en la sierra de Guadarrama, a unos 17 kilómetros de la ciudad, y la conducía mediante un canal en gran parte subterráneo a lo largo de unos 15 kilómetros. El agua se decantaba primero en un depósito conocido como El Caserón y después en una segunda torre, la Casa de Aguas, antes de emerger a cielo abierto en el tramo monumental que hoy conocemos. Ese tramo, de casi 800 metros, combina arcos sencillos y dobles superpuestos: 75 arcos simples y 44 arcadas dobles hasta la plaza de Díaz Sanz, seguidos de otros cuatro arcos simples, hasta sumar 167 en total. En su punto más alto, en la plaza del Azoguejo, la estructura alcanza 28,5 metros, de los cuales casi 6 corresponden a la cimentación. Los sillares de granito, unos 20.400 bloques traídos de la propia sierra, se ensamblan a hueso, apoyándose únicamente en el equilibrio de fuerzas entre pilares y arcos.
Además de la restauración de los Reyes Católicos, en el siglo XVI se añadieron a los nichos centrales las imágenes de la Virgen de la Fuencisla y de San Sebastián, sustituyendo probablemente a una hornacina donde la tradición legendaria situaba una figura de Hércules, a quien una leyenda atribuía la fundación de la ciudad. Ya en el siglo XIX, en 1868-1869, se acometió una nueva restauración menor sobre una decena de los arcos reconstruidos cuatro siglos antes, que se habían vuelto a deteriorar. El acueducto siguió transportando agua de forma ininterrumpida hasta el último tercio del siglo XX, fue declarado Monumento Histórico en 1884 y, en 1985, Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, reconocimiento que comparte con el resto del casco histórico segoviano.
Hoy el mayor riesgo para el monumento ya no proviene de asedios ni de guerras, sino de la contaminación ambiental y la erosión progresiva del granito, agravadas en el pasado por el tráfico rodado que llegó a circular entre sus arcos hasta que se peatonalizó la zona. El Ayuntamiento de Segovia mantiene desde entonces un protocolo de vigilancia y limpieza periódica para preservar una obra que, entre destrucciones parciales, restauraciones reales y intervenciones decimonónicas, ha conseguido mantenerse en pie casi dos mil años después de que los primeros ingenieros romanos calcularan su trazado.