biblioteca romana
Una biblioteca romana ha permanecido oculta durante más de cuatro décadas bajo una interpretación equivocada. Los arqueólogos que trabajaban en la villa romana de Fuente Álamo, en Puente Genil (Córdoba), dieron por buena desde 1982 una hipótesis: la extraña estancia con ábside, hornacinas y podio que habían excavado era, con toda probabilidad, un mitreo, un santuario subterráneo dedicado al culto oriental de Mitra. Esa lectura, sin embargo, arrastraba problemas de fondo que nunca terminaron de encajar del todo. Ahora, un nuevo estudio de la Universidad de Granada (UGR) da la vuelta por completo a esa interpretación: la sala no era un templo, sino una biblioteca privada. Y no una biblioteca cualquiera, sino la más antigua documentada hasta la fecha en toda la Península Ibérica.
La investigación, firmada por Antonio López García, Javier Martínez-Jiménez y Eduardo Cerrato Casado dentro del proyecto Exploratio Territorii Antiquae Ecclesiae Cordubensis, se ha publicado en el último número de Journal of Mediterranean Archaeology, referencia británica en la disciplina. Su punto de partida es un problema clásico de la arqueología romana: identificar una biblioteca romana antigua es extraordinariamente difícil, porque lo que definía a estos espacios, los rollos, los códices, las estanterías de madera, casi nunca sobrevive en el registro material. Ante la ausencia de «objeto», el equipo de la UGR ha optado por leer sistemáticamente la arquitectura misma del espacio.
Una lectura arquitectónica que descarta el mitreo
El método aplicado en Fuente Álamo combina varios indicios que, por separado, podrían prestarse a distintas lecturas, pero que juntos apuntan con fuerza en una sola dirección. La sala presenta un ábside, nichos rectangulares que muy probablemente alojaron estanterías, nichos semicirculares adicionales, un podio y una serie de dependencias auxiliares anexas. Esta combinación, sostienen los autores, encaja con el modelo conocido de biblioteca romana de época tardía mucho mejor que con el de un mitreo, cuya identificación en este mismo espacio ya planteaba dificultades cronológicas no resueltas: no quedaba claro cómo encajaba la reforma de la sala, con su pavimento musivario del siglo IV y el cegamiento de las hornacinas laterales, con una supuesta fase de culto a Mitra, que debería haber estado activa antes, en un momento en que la villa aún no contaba con esa pavimentación.
La clave del trabajo, insisten los investigadores, no es un hallazgo puntual, sino la reinterpretación de un conjunto de rasgos arquitectónicos ya conocidos desde hacía años. Lo que cambia es la mirada: donde antes se veía un espacio de culto religioso, ahora se reconoce un espacio dedicado a la lectura, el estudio y la exhibición de cultura escrita, propio de una élite rural hispanorromana que hacía de su villa una demostración de estatus también a través del saber.
La biblioteca romana privada mejor conservada del mundo romano
Las implicaciones del hallazgo van más allá del cambio de etiqueta. Según los autores del estudio, Fuente Álamo se convierte así en la biblioteca romana más antigua documentada en la Península Ibérica y, al mismo tiempo, en la más occidental de todo el Imperio romano. Pero hay un matiz todavía más llamativo: los investigadores la consideran la biblioteca romana privada mejor conservada del mundo romano conocido en términos estructurales, por delante incluso de la célebre Villa de los Papiros de Herculano, de la que se conserva el contenido, los papiros carbonizados, pero no la arquitectura física que los albergó, sepultada y destruida por la erupción del Vesubio.
El propio yacimiento aporta un indicio adicional que refuerza la lectura cultural del espacio: un sarcófago cuya cronología e iconografía coinciden con la segunda fase constructiva de la villa muestra la figura de un hombre barbado sosteniendo un rollo y un códice, una representación que guarda semejanzas con un personaje ya identificado en uno de los mosaicos de Fuente Álamo como el propietario de la villa. La imagen de un dominus retratado junto a los atributos de la lectura y la escritura casa bien con la existencia de una biblioteca privada como espacio de prestigio dentro de la residencia.
El descubrimiento sitúa a Fuente Álamo, ya conocido por su excepcional colección musivaria, en un lugar destacado dentro de la arqueología de la Hispania tardorromana, y abre una vía de estudio poco explorada hasta ahora en la Península: la de los espacios domésticos dedicados al libro y la cultura escrita en las villas de las élites provinciales.