El Genocidio Británico de los Aborígenes de Australia

¿Saben ustedes que los anglosajones cometieron un genocidio en Australia parecido al que llevaron a cabo en Norteamérica? Cuando los británicos llegaron a aquella tierra en 1770 vivían cerca de un millón de Aborígenes. Un siglo después solo quedaban con vida unos 30.000.

James Cook llegó a Australia en 1770. Declaró la tierra australiana como «terra nullius», despoblada, sin propietarios, de forma que pertenecerían a cualquier británico recién llegado, negando la existencia de los Aborígenes que vivían en Australia miles de años.

García del Junco : «Al declarar que Australia no tenía habitantes no había a quien quitárselas. Sencillamente, eran del primer inglés que las reclamara: y el saqueo se hizo a conciencia. A los que no mataron los desterraron a las zonas desérticas del interior.»

Para matar un mayor número de aborígenes, los colonos llegaron a distribuir harina con veneno. La mayoría de los aborígenes que sobrevivieron al asentamiento de los británicos fueron metidos en reservas llegando a dictar leyes que controlaban su vida.

Su vida no les pertenecía. Tampoco la de sus hijos. Oficiales del Ejército Australiano quitaban a sus madres los niños que tenían la piel más clara para «ser educados y entrenados con vistas a ocupar su lugar en la comunidad blanca».

Las madres de los niños aborígenes de piel más blanca untaban con carbón la piel de sus hijos para que los oficiales del Ejército no se los llevaran. A los niños aborígenes robados se les denominó la «generación robada». La mayoría fueron explotados como mano de obra barata.

La colonización de Australia se hizo con convictos que cumplían condena en Gran Bretaña. La falta de espacio en las cárceles se solucionó enviando a los presos al otro lado del orbe. Así que imagínense la ética de los primeros habitantes británicos del país de los canguros.

Pero hay más. Los aborígenes australianos no fueron considerados ciudadanos hasta 1967 y no podían ser propietarios de las tierras de sus antepasados. Además la Constitución de 1901 no reconoce la existencia de los pueblos indígenas y permite aprobar leyes en función de la raza.

García del Junco: «En solo un siglo pasaron de casi 1000000 a 30000. Obra de los puritanos británicos. De esto acusaban a España, pero ellos eran los profesionales en hacerlo. Y si en España había numerosas leyes que protegían a los indios, esas leyes no existían en Inglaterra.»

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