Egipto vuelve a sorprender al mundo con un hallazgo arqueológico de gran relevancia. Una misión egipcia ha descubierto en Tell el-Faraoun, en la gobernación de Sharqia, una gigantesca estatua atribuida al faraón Ramsés II, uno de los gobernantes más célebres del Antiguo Egipto.
La pieza apareció en la zona de la antigua ciudad de Imet, importante centro religioso del Bajo Egipto. Aunque la escultura ha llegado hasta nuestros días incompleta, los expertos consideran que se trata de un descubrimiento excepcional por sus dimensiones y por la información que puede aportar sobre la historia del Delta oriental del Nilo.
Un coloso de varias toneladas
La estatua conserva únicamente la parte superior del cuerpo. El fragmento recuperado mide aproximadamente 2,20 metros de altura y pesa entre cinco y seis toneladas. Los arqueólogos creen que la obra original debió de ser mucho mayor y que habría alcanzado varios metros de altura cuando estaba completa.
A pesar del deterioro provocado por siglos de enterramiento en una zona húmeda, aún pueden apreciarse rasgos característicos del arte ramésida. Los especialistas apuntan además a que la figura pudo formar parte de un conjunto escultórico más amplio, posiblemente una tríada en la que el faraón aparecía acompañado por divinidades.
Una estatua trasladada en la Antigüedad
Las investigaciones preliminares sugieren que la escultura no fue creada originalmente para Imet. La principal hipótesis sostiene que procedía de Pi-Ramsés, la gran capital fundada por Ramsés II en el Delta, y que fue trasladada siglos después para ser reutilizada en un complejo religioso local.
Este fenómeno de reutilización de monumentos reales fue relativamente frecuente en el Egipto faraónico y ayuda a comprender cómo las antiguas ciudades adaptaban y aprovechaban elementos procedentes de centros políticos ya abandonados.
Tras su descubrimiento, la estatua fue trasladada a las instalaciones arqueológicas de San al-Hagar, donde será sometida a trabajos de conservación y restauración. Los especialistas estudian actualmente sus inscripciones y elementos decorativos con la esperanza de obtener nuevos datos sobre la actividad política y religiosa en esta región durante el periodo ramésida.
El hallazgo constituye una nueva muestra de la extraordinaria riqueza arqueológica de Egipto, donde todavía hoy continúan apareciendo vestigios capaces de ampliar el conocimiento sobre una de las civilizaciones más influyentes de la historia.

