Gran Piramide de Guiza

Un ingeniero italiano propone que la Gran Pirámide de Guiza podría tener casi 25.000 años

Durante décadas, la certeza de que Gran Pirámide de Guiza se construyó durante el reinado del faraón Keops, hacia el año 2560 antes de Cristo, se consideró inapelable. Una nueva investigación, sin embargo, ha vuelto a poner en discusión esa certeza. El ingeniero italiano Alberto Donini, vinculado a la Universidad de Bolonia, sostiene que el monumento podría ser miles de años más antiguo de lo que se ha aceptado hasta ahora, con un origen que situaría en torno al año 22.941 antes de Cristo.

La propuesta se apoya en un método desarrollado por el propio investigador, al que ha denominado Relative Erosion Method (método de erosión relativa, REM), presentado en un informe preliminar difundido en enero de 2026 a través de Zenodo, un repositorio académico de acceso abierto. Conviene precisar que se trata de un texto autopublicado, no de un artículo revisado por pares en una revista arqueológica. Su punto de partida es sencillo: comparar el desgaste de distintos bloques de piedra caliza de la Gran Pirámide de Guiza para estimar cuánto tiempo han estado expuestos a los elementos. Donini distingue dos tipos de superficie: unas quedaron a la intemperie desde la construcción original, y otras conservaron un revestimiento protector hasta que un terremoto documentado en 1303 hizo caer buena parte de ese recubrimiento. Analizando la diferencia de erosión entre ambas, el investigador calcula el tiempo transcurrido desde que la piedra quedó expuesta por primera vez.

Para su análisis, Donini seleccionó doce puntos de medición en la base de la Gran Pirámide de Guiza de Egipto. En algunos de ellos cuantificó el volumen total de las oquedades producidas por picaduras de erosión, expresado en milímetros cúbicos; en otros, donde predomina un desgaste más uniforme, midió la reducción media del grosor de la piedra en milímetros. Cada punto arrojó una estimación distinta, con una dispersión considerable: por ejemplo, un punto sugiere una antigüedad de unos 5.700 años, mientras que otro apunta a cerca de 18.000 años. El propio investigador atribuye estas diferencias a variables como la orientación de cada superficie, el microclima local o las irregularidades propias de la roca, y sostiene que el promedio de las doce mediciones ofrece la estimación más representativa.

Un método que reabre un debate antiguo sobre la antigüedad de la Gran Pirámide de Guiza

El propio Donini reconoce que su método no ofrece una fecha exacta, sino un intervalo de probabilidad muy amplio: entre el año 8.954 y el año 36.878 antes de Cristo, con un nivel de confianza estadístico del 68,2 por ciento. Incluso tomando el extremo más reciente de ese margen, la diferencia con la datación tradicional sigue siendo de varios miles de años. A partir de estos resultados, el investigador plantea una hipótesis adicional: que no se habrían limitado a reutilizar o restaurar una estructura mucho más antigua. En las conclusiones de su informe, Donini afirma que sus mediciones preliminares permiten sostener que, hacia el año 20.000 antes de Cristo, ya existía en Egipto una civilización capaz de levantar al menos la Gran Pirámide de Guiza.

La idea de emplear la erosión como herramienta cronológica no es nueva. A lo largo de la historia de la egiptología, varios investigadores han recurrido a observaciones similares, especialmente en el caso de la Gran Esfinge de Guiza, cuyo desgaste también ha sido interpretado por algunos autores como indicio de una antigüedad mayor a la aceptada oficialmente. Pese a ello, la mayoría de los especialistas ha preferido sustentar la cronología del antiguo Egipto en evidencias arqueológicas, documentos e inscripciones, antes que en el desgaste de la piedra, ya que este depende de numerosas variables ambientales difíciles de aislar con precisión a lo largo de milenios.

Las dudas que plantea la comunidad científica

El propio estudio reconoce esas limitaciones. Factores como los cambios climáticos del norte de África, que atravesó épocas mucho más húmedas que las actuales, la acción del viento, la acumulación de arena o incluso intervenciones humanas realizadas en distintos periodos históricos podrían haber alterado el ritmo de erosión y, con ello, los cálculos del investigador. A esto se suma un elemento determinante: el trabajo de Donini es un informe preliminar autopublicado en un repositorio de acceso abierto y no ha pasado por el proceso de revisión por pares, el mecanismo habitual mediante el cual la comunidad científica valida un estudio antes de aceptarlo como referencia. Ningún otro equipo ha reproducido todavía el método ni ha verificado sus resultados de forma independiente.

El propio ingeniero considera que esa réplica por parte de otros investigadores será la verdadera prueba para su hipótesis, y ha planteado que su sistema se aplique a otros monumentos de piedra caliza para comprobar si arroja resultados consistentes. Hasta que eso ocurra, la propuesta seguirá siendo una hipótesis abierta al debate, no una conclusión respaldada por el consenso científico. Con todo, el trabajo ha conseguido reabrir una discusión sobre el origen de la Gran Pirámide de Guiza que muchos especialistas consideraban cerrada desde hace décadas.

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