Ilustración: dariomadrid.com
El 2 de noviembre de 1769, ya de noche, un grupo de cazadores regresó a un campamento español levantado junto a un arroyo de la costa californiana, en lo que hoy es Pacifica. Venían de internarse en las colinas en busca de ciervos y traían algo mucho más valioso que carne: habían visto, hacia el este, «un inmenso brazo de mar o estero» que se perdía tierra adentro. El diario de fray Juan Crespí recoge esa misma noche la noticia. Es la primera mención escrita de la bahía de San Francisco, uno de los mejores puertos naturales del mundo. Y lo más curioso es que los españoles no la estaban buscando.
Una carrera contra rusos e ingleses
A mediados del siglo XVIII, la Alta California era, para la Monarquía Hispánica, una costa reclamada pero vacía. Las noticias de los avances rusos desde Alaska y el interés británico por el Pacífico convencieron a la Corona de Carlos III y al visitador general José de Gálvez de que había que ocuparla antes de que lo hicieran otros. El objetivo concreto era el puerto de Monterrey, que Sebastián Vizcaíno había descrito con entusiasmo en 1602.
Para ello se organizó en 1769 una doble expedición, por mar y por tierra, cuyo mando recayó en Gaspar de Portolá, un militar leridano nacido en Os de Balaguer en 1716, veterano de las guerras de Italia y primer gobernador de las Californias. Con él marchaban el teniente Pedro de Fages y sus voluntarios catalanes, el capitán Fernando Rivera, el ingeniero y cartógrafo Miguel Costansó, el sargento José Francisco Ortega al frente de los exploradores y fray Juan Crespí como cronista. La travesía hasta San Diego ya había sido terrible: el escorbuto y las penalidades diezmaron a los expedicionarios antes siquiera de empezar.
Buscando Monterrey, encontrando otra cosa
El 14 de julio de 1769, unos setenta y cuatro hombres partieron de San Diego hacia el norte. Durante semanas avanzaron por una tierra desconocida, abriendo camino y tratando con los pueblos nativos. Entre finales de septiembre y principios de octubre llegaron a la bahía de Monterrey… y no la reconocieron. La descripción de Vizcaíno, escrita más de un siglo y medio antes, no encajaba con lo que veían, así que siguieron adelante convencidos de que el puerto estaba aún más al norte.
El 31 de octubre, desde lo alto de la sierra de Montara, divisaron las islas Farallones y la ensenada de Punta Reyes, a la que los derroteros de la época llamaban «puerto de San Francisco». Acamparon junto al arroyo de San Pedro y, el 1 de noviembre, Ortega salió con sus exploradores en un reconocimiento de tres días. Al día siguiente, el 2, fueron los cazadores del campamento quienes regresaron con la gran noticia. Ortega volvió el día 3 y, el 4 de noviembre, toda la expedición subió a la loma hoy conocida como Sweeney Ridge para contemplar con sus propios ojos aquel enorme mar interior. Crespí, el único que pareció comprender lo que tenían delante, lo describió como un puerto «muy grande y hermoso».
Del fracaso aparente al nacimiento de una ciudad
Para Portolá, sin embargo, aquel hallazgo era casi un estorbo: la bahía cortaba el paso hacia el norte y Monterrey seguía sin aparecer. El 11 de noviembre, en junta de oficiales, se decidió regresar. Hambrientos y agotados, llegaron a San Diego el 24 de enero de 1770. A ojos de muchos, la expedición había fracasado.
No fue así. En la primavera de 1770 Portolá volvió al norte, esta vez sí identificó Monterrey y el 3 de junio fundó allí el presidio, mientras fray Junípero Serra establecía la misión de San Carlos Borromeo. Pocos años después, en 1775, el paquebote San Carlos de Juan Manuel de Ayala fue el primer barco en cruzar la bocana de la bahía, y en 1776 se fundaron el presidio de San Francisco y la misión de San Francisco de Asís. El nombre, que los navegantes habían aplicado antes a la ensenada de Punta Reyes, acabó quedándose para siempre en la gran bahía.
Por qué importa hoy
La historia de California se suele contar en inglés y empezando por la fiebre del oro, pero su primer capítulo escrito tiene acento catalán, castellano y mexicano. Los nombres de Portola Valley, el distrito de Portola en San Francisco o la ciudad de Portola recuerdan aún a aquel gobernador leridano, que murió en Lérida en 1786. Y el diario de Crespí, con su anotación del 2 de noviembre, sigue siendo el acta de nacimiento documental de una de las bahías más famosas del planeta. Una prueba más de que buena parte de la historia de América del Norte se escribió, primero, en español.
Fuentes
- Real Academia de la Historia, Diccionario Biográfico: Gaspar de Portolá y Rovira
- National Park Service: San Francisco Bay Discovery Site (Sweeney Ridge), ficha del National Register
- Cronología de la expedición de Portolá (Wikipedia)
- Portolá expedition (Wikipedia)
- Z. S. Eldredge, The March of Portola and the Discovery of the Bay of San Francisco (1909), con el diario de Costansó