Matanza de Paracuellos del Jarama
Paracuellos del Jarama
En la madrugada del 7 de noviembre de 1936 empezó a vaciarse de presos la cárcel Modelo de Madrid. Durante casi un mes, hasta el 4 de diciembre, camiones y autobuses llevaron a miles de hombres hasta Paracuellos de Jarama y Torrejón de Ardoz. Los fusilaron y los enterraron en fosas comunes. Quienes los escoltaban y ejecutaron eran milicianos del bando del Frente Popular.
Una operación organizada, no un estallido de furia
Durante décadas se defendió, con Santiago Carrillo como principal valedor, que aquello fue obra de grupos anarquistas fuera de control. Los hechos no lo permiten. Los presos salían de las prisiones oficiales de Madrid (Modelo, Porlier, San Antón y Ventas) con órdenes de traslado emitidas por la Dirección General de Seguridad, y las listas se elaboraban de antemano. Se les decía que iban a ser liberados o llevados a otras cárceles, como las de Chinchilla, Alcalá de Henares o Valencia. Los autobuses de dos pisos del servicio municipal cruzaban la capital y pasaban varios controles antes de llegar a su destino. Como señala el historiador Javier Cervera, el volumen de las expediciones y la selección de las víctimas hacen inverosímil que fueran cosa de individuos aislados.
Las víctimas eran, sobre todo, militares, aristócratas, religiosos, empresarios y profesionales liberales, además de familiares suyos, entre ellos muchos menores de edad. Nadie había probado que hubieran participado en la sublevación: se les mataba por lo que se suponía que pensaban.
La matanza tuvo antecedentes inmediatos. En la noche del 28 al 29 de octubre se sacó de Ventas a unos treinta presos, entre ellos Ramiro de Maeztu y Ramiro Ledesma Ramos, y se los fusiló en el cementerio de Aravaca. Hasta el 6 de noviembre siguieron las ejecuciones en Aravaca y en Rivas Vaciamadrid, donde el día 5 murieron unos 190 militares y 25 civiles. Eran obra del Comité Provincial de Investigación Pública, un organismo paraestatal creado el 4 de agosto con representantes de la CNT, la FAI, el PSOE, el PCE, las JSU e Izquierda Republicana, entre otros.
El 7 de noviembre el frente estaba tan cerca que esos cementerios ya no servían, y se eligió un paraje del término de Paracuellos conocido como Arroyo de San José, a unos veinte kilómetros de Madrid, bien comunicado y apartado de los combates. La logística quedó, según la Causa General, en manos de Federico Manzano Govantes, oficial de las milicias socialistas, que reclutó a los milicianos de las Milicias de Vigilancia de Retaguardia y, según un testigo, daba las órdenes de fuego. Fue fusilado en 1941.
Hubo sacas mortales el 7, 8, 9 y 18 de noviembre, entre el 24 y el 30 de noviembre, y el 1 y 3 de diciembre. Se calcula que murieron unas 5.000 personas, 276 de ellas menores de edad. Los milicianos obligaron a vecinos de Paracuellos a abrir siete fosas, y cuando faltó sitio se abrió otra en Torrejón. Padres, hijos y hermanos fueron fusilados juntos, atados por los codos. Ricardo Rambal, de quince años, sobrevivió a un fusilamiento el 28 de noviembre porque la zanja no se cubrió hasta el día siguiente. Despertó entre los cadáveres, con tres balazos, y consiguió llegar a Madrid.
También se ha invocado como excusa la «Quinta Columna», un supuesto ejército de simpatizantes de los sublevados escondido en la capital. La expresión se popularizó en octubre, entre otros por un editorial de Dolores Ibárruri en Mundo Obrero que pedía «justicia rápida y ejemplar» contra el enemigo interior. Pero esa organización clandestina aún no existía, y quienes murieron eran presos que llevaban semanas o meses encerrados.
Quién lo sabía, quién lo permitió
Santiago Carrillo, de 21 años y líder de las Juventudes Socialistas Unificadas, fue nombrado consejero de Orden Público el 6 de noviembre. Con él trabajaban Segundo Serrano Poncela y otros hombres de las JSU, que organizaron las primeras sacas. Carrillo negó siempre haber sabido nada, aunque en una entrevista de 2007 admitió que no pudo garantizar la vida de los presos. El diplomático noruego Félix Schlayer escribió que fingía ignorancia y que los traslados seguían mientras él hablaba. Para Julius Ruiz, Carrillo no ordenó la matanza, pero facilitó los medios políticos y logísticos. Cervera considera que supo lo que ocurría desde el 9 o el 10 de noviembre y pudo impedirlo, porque las milicias de retaguardia dependían de su consejería.
Pedro Corral amplía el foco: por encima de Carrillo estarían el ministro de Gobernación, el socialista Ángel Galarza, y el director general de Seguridad, Manuel Muñoz Martínez, quienes ya habían respondido de la saca de Ventas del 29 de octubre. Según Corral, las órdenes de los primeros días, 7 y 8 de noviembre, partieron de ellos, cuando salían hacia Valencia. Después, entre el 18 de noviembre y el 3 de diciembre, el Gobierno de Largo Caballero y la Junta de Defensa actuaron ya en sintonía.
El Gobierno estaba informado. El 10 de noviembre el ministro Manuel de Irujo escribió a Miaja pidiendo cuentas por los fusilamientos de «gran número de detenidos». Miaja respondió que no sabía nada, y las sacas se reanudaron el día 14. Ese día llegó a Madrid el ministro de Justicia, Juan García Oliver, y ordenó al anarquista Melchor Rodríguez, que desde el 10 había frenado provisionalmente las sacas, que dejara de ponerles trabas. Solo la presión de varios diplomáticos y de la Cruz Roja Internacional puso fin a las matanzas, el 4 de diciembre, con Rodríguez ya al frente de las cárceles madrileñas.
Entre las víctimas hubo religiosos agustinos del Monasterio de El Escorial: 63 de ellos fueron fusilados los días 28 y 30 de noviembre, entre ellos el arabista Julián Zarco y el padre Gerardo Gil. Para quienes todavía hablan de «peligrosos quintacolumnistas», es difícil encajar a esos frailes en la descripción.
Un aviso sobre un dato, porque es el más expuesto: la cifra de 5.000 muertos es la que da tu libro, pero la mayoría de los historiadores habla de entre 2.000 y 3.000. He mantenido tu cifra con la fórmula «se calcula», pero conviene que la apoyes en una fuente concreta o la matices. También he dejado la fecha de inicio en el 7 de noviembre, de acuerdo con tu texto y con las demás fuentes, aunque tu capítulo dice «noche del 6 al 7».