Juana I de Castilla

¿Estaba realmente loca Juana I de Castilla?

La figura de Juana I de Castilla ha quedado marcada por un apodo que condiciona toda su historia. Durante siglos se ha dado por hecho que estaba loca. Hoy, los historiadores no lo tienen tan claro.

Antes de la muerte de Felipe el Hermoso ya había episodios llamativos. Se cita el caso del Castillo de La Mota, donde permaneció descalza y sin abrigo en una noche fría. También su obsesión por Felipe y su rechazo a implicarse en el gobierno. Tanto es así que Isabel I de Castilla dejó previsto en su testamento que, si su hija no podía o no quería gobernar, lo hiciera Fernando II de Aragón.

La muerte de Felipe en 1506 marca el punto de inflexión. La versión de la jarra de agua fría tras jugar a la pelota es popular, pero hoy se considera poco fiable. Lo más probable es que muriera por una infección. A partir de ahí, el comportamiento de Juana se vuelve más irregular. Ordena exhumar el cadáver, enterrado en la Cartuja de Miraflores, y lo traslada con la intención de llevarlo a Granada. Este episodio, muy documentado, es el que más alimenta su fama.

Lo que dicen los historiadores

Aquí es donde está la clave. No hay consenso.

El médico e historiador Gregorio Marañón defendió que Juana tenía una enfermedad mental grave, incluso una psicosis. Durante mucho tiempo esta fue la versión dominante.

Frente a ello, historiadores como Manuel Fernández Álvarez o Joseph Pérez cuestionan esa idea. Señalan que muchas fuentes proceden de entornos interesados en apartarla del poder. Su padre y su hijo tenían todo el interés en gobernar en su lugar.

Una posición más actual, como la de Bethany Aram, es intermedia: Juana pudo tener problemas emocionales, sobre todo tras la muerte de Felipe, pero no necesariamente una incapacidad permanente.

Y hay un dato importante: durante la revuelta de los comuneros, se negó a firmar documentos contra su hijo, Carlos I de España. Eso indica que no estaba completamente incapacitada.

Entre la enfermedad y la política

Juana fue apartada del poder y encerrada durante 46 años en el Real Monasterio de Santa Clara de Tordesillas. Ese hecho es indiscutible.

La duda está en el motivo. ¿Enfermedad real o excusa política?

Lo más aceptado hoy es una posición intermedia: pudo tener episodios de inestabilidad, pero su imagen de “loca” fue amplificada y utilizada.

En definitiva, más que una reina completamente demente, Juana fue una figura incómoda en un momento en el que otros querían el poder.

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