Tumba de Tutankamón (KV62). Foto: Ovedc / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.
El 4 de noviembre de 1922, la expedición dirigida por Howard Carter encontró en el Valle de los Reyes el primer escalón de una escalera excavada en la roca. Aquel indicio condujo a la tumba de Tutankamón y abrió uno de los capítulos más conocidos de la historia de la arqueología. Hoy se cumplen 104 años de aquel hallazgo.
La fecha señala el comienzo del descubrimiento. La exploración de las cámaras y la recuperación de sus objetos se desarrollaron después, a lo largo de varias campañas.
Una escalera bajo la arena
Los trabajos habían comenzado el 1 de noviembre cerca de la tumba de Ramsés VI. Al retirar antiguas cabañas de trabajadores, el equipo localizó la escalera. El 5 de noviembre apareció una puerta sellada. Carter protegió el acceso y avisó a lord Carnarvon, que financiaba la excavación.
Tras la llegada de Carnarvon, la investigación continuó. El 26 de noviembre Carter practicó una pequeña abertura en una segunda puerta y observó el interior a la luz de una vela. El archivo del Griffith Institute, en Oxford, sitúa en ese momento la primera mirada al extraordinario conjunto de objetos de la antecámara.
Mucho más que oro
El hallazgo reunía mobiliario, carros, cofres y pertenencias del rey. La célebre máscara funeraria acabaría convirtiéndose en uno de los grandes iconos del arte egipcio. Pero recuperar ese conjunto exigió mucho más que abrir una puerta: había que documentar, conservar y retirar miles de piezas.
El fotógrafo Harry Burton desempeñó un papel esencial en esa tarea. Según el Metropolitan Museum of Art, realizó unas 1.400 placas fotográficas de vidrio durante los diez años siguientes. Sus imágenes registraron los objetos en su posición original y durante el trabajo de estudio, y hoy permiten seguir el proceso de excavación.
El comienzo de una larga investigación
La apertura de la cámara funeraria llegó el 16 de febrero de 1923. Por eso, al recordar la efeméride del 4 de noviembre, conviene detenerse en su verdadero protagonista: un escalón. A partir de aquel pequeño indicio comenzó una investigación que transformó la presencia del antiguo Egipto en la cultura contemporánea.
Un rey joven y una tumba de dimensiones modestas
La riqueza del ajuar puede hacer pensar en un sepulcro gigantesco. Sin embargo, el Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto destaca que la tumba KV62 es relativamente pequeña y sencilla frente a otros enterramientos reales del Valle de los Reyes. Tutankamón había llegado al trono siendo muy joven y su reinado duró aproximadamente nueve años. El contraste entre el espacio disponible y la abundancia de objetos es una de las claves para comprender el hallazgo.
Solo la cámara funeraria presenta decoración en sus paredes. Las escenas muestran aspectos del funeral y al monarca acompañado por divinidades. En las dependencias se acumularon cerca de cinco mil objetos: prendas de vestir, joyas, recipientes, muebles, carros y armas. Ese conjunto permite acercarse a la vida de palacio, además de estudiar las creencias relacionadas con la muerte. Cada pieza aporta una información distinta y cobra mayor sentido cuando se conoce el lugar que ocupaba dentro del enterramiento.
La fascinación por Tutankamón llegó a Madrid
La repercusión del descubrimiento también alcanzó España. Howard Carter visitó Madrid en 1924 y volvió en 1928 para explicar los avances de la investigación. El Museo Arqueológico Nacional recuerda que protagonizó cuatro actos culturales, con gran éxito de público y amplia atención de la prensa. El duque de Alba desempeñó un papel fundamental en aquellas visitas, que acercaron al público español una excavación todavía en marcha.
Ese vínculo madrileño permite contemplar la efeméride desde una perspectiva cercana. Mientras los especialistas continuaban estudiando los materiales en Egipto, las noticias del hallazgo circulaban por conferencias, publicaciones y fotografías. Los asistentes españoles podían escuchar al propio excavador explicar un trabajo cuyos resultados seguían creciendo. La tumba se convirtió así en un asunto compartido por investigadores, lectores de periódicos y personas que quizá se acercaban por primera vez a la egiptología.
Recordar aquel noviembre invita también a distinguir el instante del descubrimiento de la lenta construcción del conocimiento. Una fecha permite contar el comienzo; los inventarios, las fotografías y los estudios permiten comprender lo encontrado. La fama de Tutankamón nació de la combinación de ambos procesos: la sorpresa de una puerta que volvía a abrirse y el trabajo paciente de quienes registraron lo que había detrás.
Fuentes
Griffith Institute, Universidad de Oxford: primera campaña, 1922–1923.
The Metropolitan Museum of Art: Discovering Tutankhamun, las fotografías de Harry Burton.
Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto: tumba de Tutankamón.
Museo Arqueológico Nacional: el duque de Alba y las visitas de Howard Carter a España.
Imagen destacada: Ovedc / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.