General Felipe Navarro
El general Felipe Navarro no sobrevivió al Frente Popular: lo asesinaron en Paracuellos. Fue uno de los héroes de aquellas terribles jornadas de Annual en 1921, cuando dirigió la defensa de Monte Arruit y fue después prisionero de los rifeños durante más de un año. Quince años más tarde, el 7 de noviembre de 1936, milicianos del Frente Popular lo llevaron a Paracuellos, lo fusilaron y lo enterraron en una fosa común.
Tenía 74 años y no se había manifestado a favor de la sublevación comandada por el general Mola. Su único delito era haber sido ayudante de campo del rey Alfonso XIII.
Una carrera forjada en tres continentes
Nacido en Madrid en 1862, hijo de un general y senador, el general Felipe Navarro hizo toda su carrera militar en el Arma de Caballería. Combatió en Cuba y Filipinas antes de llegar, ya con rango de general, al Protectorado de Marruecos. Allí le esperaba el episodio que marcaría su nombre para la historia: el Desastre de Annual.
Tras la muerte del general Silvestre en julio de 1921 y el colapso de la Comandancia General de Melilla, fue el general Felipe Navarro quien asumió el mando de las tropas en retirada y quien las condujo hasta Monte Arruit, donde resistió un asedio agotador a la espera de refuerzos que llegaron tarde. El 9 de agosto, autorizado por el general Berenguer, pactó la rendición. Los rifeños no respetaron el acuerdo: pasaron a cuchillo a cerca de tres mil hombres de la guarnición. Solo un puñado de oficiales, entre ellos Navarro, fue conservado con vida como rehén, cautivo en Axdir hasta su liberación el 27 de enero de 1923.
De vuelta en España el general Felipe Navarro fue procesado, mientras el Expediente Picasso investigaba las causas del colapso, y en 1924 la causa quedó sobreseída; ese mismo año fue rehabilitado y ascendido a general de división. Su carrera continuó con los mandos de Ceuta y Melilla, el ascenso a teniente general en 1926 y su participación en la Asamblea Nacional Consultiva durante la Dictadura de Primo de Rivera. A lo largo de su vida militar reunió un historial de condecoraciones poco común: la gran cruz de las Órdenes de San Hermenegildo, del Mérito Militar con distintivo rojo y de María Cristina; fue caballero profeso de la Orden de Calatrava, gentilhombre de cámara de S.M. con ejercicio, comendador de la Legión de Honor francesa y de la Orden de Avis portuguesa, y caballero de la Orden de Leopoldo de Bélgica. A ello se sumaban una cruz de 1ª clase y dos de 2ª clase de la Orden Militar de María Cristina, cinco cruces del Mérito Militar con distintivo rojo, dos con distintivo blanco, una cruz del Mérito Naval, la medalla de Sufrimientos por la Patria pensionada y otras dos sin pensión, y las condecoraciones de las campañas de Cuba, Filipinas, Melilla, Rif y Marruecos.
Detenido, fugado y recapturado
Cuando estalló la Guerra Civil, el general Felipe Navarro llevaba ya dos años retirado del servicio activo y tenía 74 años. No consta que se sumara ni se significara a favor de la sublevación de julio. Nada de eso le libró. El 14 de agosto de 1936, hallándose en su domicilio de la calle Marqués de Riscal, en Madrid, fue detenido por milicianos del Frente Popular y conducido a la Cárcel Modelo.
Ocho días después, el 22 de agosto, la prisión vivió una de las jornadas más sangrientas del Madrid de retaguardia: un incendio, provocado en medio de la confusión por turbas armadas, desató una matanza de reclusos. En ese episodio, el general Felipe Navarro logró proteger a un grupo de presos más jóvenes y aprovechó el caos para escapar en dirección a su casa. La fuga duró horas: fue recapturado ese mismo día, en su propio domicilio, mientras se bañaba.
Paracuellos, 7 de noviembre de 1936
Permaneció preso durante los meses siguientes, en los que la represión en la retaguardia madrileña se intensificó con el avance de las columnas franquistas hacia la capital. El 7 de noviembre de 1936, coincidiendo con el traslado del Gobierno de Largo Caballero a Valencia y la asunción del control de Madrid por la Junta de Defensa, Navarro fue sacado de prisión junto a miles de reclusos y trasladado a Paracuellos del Jarama. Allí fue fusilado y enterrado en una fosa común, en el arranque de las matanzas que se prolongarían hasta diciembre. Con él murió también su hijo Carlos Navarro Morenés, teniente de Infantería de veintiséis años.
El general había sobrevivido a diez combates en Cuba, Filipinas y Marruecos, al asedio de Monte Arruit y a un cautiverio de año y medio entre los rifeños. No sobrevivió al Frente Popular.