Comienza la Guerra Civil Española

La Guerra Civil no comenzó el 18 de julio, sino la tarde anterior en la Comisión Geográfica de Melilla

La historia oficial suele fechar el inicio del «Alzamiento Nacional» y de la Guerra Civil Española el 18 de julio de 1936. Sin embargo, los hechos documentados demuestran que la sublevación militar comenzó de manera anticipada, precipitada y arrastrada por la improvisación en el protectorado de Marruecos, muy lejos de la meticulosa planificación que a menudo se le atribuye.

El mito del plan original y el factor Franco

Existe la creencia popular de que la sublevación debía comenzar de manera sincronizada en todo el protectorado el 17 de julio a las 17:00 horas. Sin embargo, investigaciones como la de Miguel Platón en Así comenzó la Guerra Civil desmienten esta teoría. No había una hora «H» ni un día «D» fijados rígidamente para Melilla. El plan original establecido por Francisco Franco era muy distinto y mucho más prudente.

El plan de Franco consistía en poner a salvo a su familia a bordo de un barco en el Puerto de la Luz (Las Palmas de Gran Canaria) con destino a Francia el domingo 19 de julio por la tarde. Una vez asegurados los suyos, volaría al Marruecos español para declarar el estado de guerra en Ceuta (y no en Melilla) en el momento y bajo las circunstancias que él considerase más oportunos.

La delación que lo precipitó todo el 17 de julio

La teoría y la planificación saltaron por los aires debido a un soplón. Álvaro González de la Cruz, un infiltrado en la Falange local de Melilla, descubrió que esa misma tarde se iban a repartir armas a los falangistas en el edificio de la Sección de Límites de África de la Comisión Geográfica. El confidente alertó a las autoridades republicanas alrededor de las 14:30 del 17 de julio.

Al recibir el soplo, el delegado del Gobierno en Melilla, Jaime Fernández Gil de Terradillos, se puso en contacto con el general de brigada Manuel Romerales Quintero, comandante jefe de la circunscripción oriental. Ambos ordenaron al teniente del Cuerpo de Seguridad y Asalto, Juan Zazo Fraguas, que se dirigiera al edificio con un contingente de policías y guardias de asalto para realizar un registro.

El choque en la Comisión Geográfica

Mientras tanto, ajenos a la delación, varios oficiales golpistas como el coronel Darío Gazapo Valdés y el teniente coronel en la reserva Juan Seguí se encontraban en la sala de cartografía del edificio distribuyendo el armamento clandestino. Al enterarse de que el teniente Zazo y sus hombres se aproximaban para registrarlos, el coronel Gazapo reaccionó con rapidez y ordenó la intervención inmediata de una unidad de la Legión acantonada cerca.

Al llegar al lugar, los legionarios superaron ampliamente en número y potencia de fuego a los guardias de asalto del teniente Zazo. Ante la imposibilidad de resistir, Zazo y sus hombres no tuvieron más remedio que deponer las armas y rendirse. Aunque su capitulación pacífica les salvó la vida en ese instante, el destino de la mayoría de los miembros de las fuerzas del orden republicanas que se rindieron sería trágico en las semanas posteriores. Este sería la primera acción armada de la Guerra Civil Española.

La toma de Melilla y el telegrama a Las Palmas

Con la iniciativa de su lado, el teniente coronel Seguí acudió al despacho del general Romerales y, bajo amenaza de fuerza, lo obligó a rendirse. Los sublevados se desplegaron rápidamente por la ciudad, ocupando los principales edificios públicos. El coronel Luis Solans Labedán, jefe de la agrupación de Cazadores acuartelada en Melilla, asumió el mando provisional de la plaza y proclamó el estado de guerra publicando un bando firmado en su propio nombre como máxima autoridad militar de la plaza.

Esa misma noche, Solans nombró al teniente coronel Juan Seguí como su jefe de Estado Mayor. Con el apoyo coordinado por vía telegráfica y telefónica de otros conspiradores clave en el Protectorado, como Eduardo Sáenz de Buruaga (en Tetuán) y Juan Yagüe (en Ceuta), el control rebelde sobre el norte de África comenzó a consolidarse a gran velocidad.

En la madrugada del 18 de julio, el coronel Solans envió un telegrama decisivo a Franco, quien aguardaba acontecimientos en Las Palmas de Gran Canaria:

«Este Ejército, levantado en armas, se ha apoderado en la tarde de hoy de todos los resortes del Mando en este territorio. La tranquilidad es absoluta. ¡Viva España!»

Las primeras consecuencias de la represión

La victoria de los sublevados en Melilla marcó el trágico patrón de lo que ocurriría en el resto del territorio español controlado por los rebeldes. Para asegurar el control absoluto de la plaza y evitar cualquier atisbo de contragolpe, se desató una inmediata campaña de detenciones contra civiles de izquierdas, sindicalistas, policías y militares leales a la República. Muchos de ellos, incluido el propio general Manuel Romerales por negarse a secundar el golpe, acabaron frente a los pelotones de fusilamiento en los días subsiguientes. La Guerra Civil Española había comenzado de facto en las calles de Melilla.

Así comenzó la Guerra Civil Española.

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