El 24 de enero de 1256 nació Alonso Pérez de Guzmán, más conocido como Guzmán el Bueno. Moriría combatiendo en 1319 contra el reino de Granada en la serranía de Ronda. ¿Sabrán hoy nuestros jóvenes quién fue el primer señor de Sanlúcar de Barrameda y fundador de la casa de Medina Sidonia?
Guzmán el Bueno fue hijo ilegítimo del adelantado de Castilla Pedro Núñez de Guzmán y nació en León. En su juventud sirvió como mercenario al sultanato meriní de Fez, donde amasó una considerable fortuna. De regreso a Castilla, puso su espada al servicio de la Corona y participó en la conquista de Tarifa.
El asedio de Tarifa y la lealtad llevada hasta el sacrificio
Por entonces, los hijos de Alfonso X el Sabio, Sancho IV y el infante Juan se disputaban el trono de Castilla. Este último llegó incluso a pactar con los musulmanes benimerines. Tras la toma de Tarifa, Sancho IV nombró a Guzmán alcalde de la plaza. Los benimerines decidieron entonces intentar recuperarla y sometieron la ciudad a un duro asedio.
Por un cruel giro del destino, Alfonso, hijo de Guzmán, se encontraba sirviendo como paje en la corte del infante Juan. Este lo apresó y lo entregó a los sitiadores musulmanes. Los benimerines intentaron chantajear al padre: o rendía Tarifa o su hijo sería ejecutado. Guzmán no cedió. Desde lo alto de la muralla arrojó su propio puñal y pronunció la frase que lo haría inmortal: «Matadle con este, si lo habéis determinado, que más quiero honra sin hijo que hijo con mi honor manchado».
El muchacho fue asesinado y su cabeza lanzada al interior de la fortaleza mediante una catapulta. Guzmán prefirió sacrificar a su hijo antes que entregar la plaza al enemigo. En reconocimiento a su lealtad, el rey Sancho IV le concedió el señorío de Sanlúcar de Barrameda.
El origen de la casa de Medina Sidonia y la memoria de un héroe
Sea leyenda o realidad, esta es la historia que ha llegado hasta nosotros. Pero ¿por qué se le llamó el Bueno? Porque durante el asedio abrió las despensas de su castillo para alimentar a la población de Tarifa, anteponiendo el bienestar de los vecinos a su propio interés.
Su sepulcro se encuentra en el monasterio de San Isidoro del Campo, en Santiponce, donde descansa quien convirtió el honor en el cimiento de una de las grandes casas nobiliarias de España.

