Faro de Alejandría

Rescatados bloques de 80 toneladas del Faro de Alejandría para su reconstrucción virtual

En las aguas del puerto de Alejandría, un equipo franco-egipcio acaba de rescatar 22 bloques monumentales que pertenecieron al legendario Faro de Alejandría, una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo. La operación forma parte del proyecto internacional PHAROS. Los bloques recuperados no son fragmentos cualquiera: se trata de dinteles, jambas, umbrales y losas de pavimento que formaban parte de la entrada monumental del faro, cada uno con un peso de entre 70.000 y 80.000 kilos.

El objetivo final del proyecto no es levantar de nuevo el faro en piedra, algo inviable, sino construir su gemelo digital: un modelo virtual generado mediante fotometría de alta precisión que permitirá «visitar» la torre tal como era. Ingenieros de Dassault Systèmes escanearán cada bloque y los recolocarán virtualmente como piezas de un rompecabezas de 2.300 años, sumándolos a más de un centenar de fragmentos ya digitalizados en la última década y a los más de 5.000 objetos que el equipo de rescate ha catalogado desde que Jean-Yves Empereur inició las exploraciones en 1994. Ese modelo permitirá, además, simular cómo resistió el edificio los terremotos durante más de un milenio y qué causó finalmente su colapso, algo que ninguna crónica antigua puede responder con precisión.

El Faro de Alejandría, una torre que iluminó el Mediterráneo durante más de un milenio

El Faro de Alejandría se construyó a principios del siglo III a.C., iniciado bajo el reinado de Ptolomeo I Sóter y culminado con Ptolomeo II Filadelfo. Su diseño se atribuye al arquitecto griego Sóstrato de Cnido, quien levantó una torre de más de 100 metros sobre la isla de Faro, en la entrada del puerto de la ciudad fundada por Alejandro Magno. Durante siglos fue una de las estructuras más altas e imponentes construidas por el ser humano, solo superada en su época por las grandes pirámides de Guiza.

La función del Faro de Alejandría iba mucho más allá de lo decorativo. Una luz alimentada por hogueras y amplificada con grandes espejos de bronce pulido guiaba de noche a los barcos a través de las traicioneras aguas costeras de Alejandría, convirtiendo la torre en una pieza clave de la infraestructura comercial del Mediterráneo antiguo. Mantener esa llama activa exigía una logística compleja: se cree que en el interior existía una rampa helicoidal por la que mulas y asnos transportaban carbón vegetal, madera y resinas hasta la cámara de combustión, mientras poleas y cabrestantes completaban el ascenso final de la carga. Ese diseño ha llevado a muchos historiadores a considerar el faro una de las grandes obras de ingeniería civil de la Antigüedad.

El deterioro llegó de forma gradual. Una serie de terremotos fue debilitando la estructura a lo largo de los siglos, hasta que un sismo particularmente violento en 1303 la dejó inutilizada. Casi dos siglos después, en 1477, el sultán mameluco Al-Ashraf Sayf al-Din Qa’it Bay ordenó reutilizar las piedras que aún quedaban en pie para construir una fortaleza defensiva en el mismo emplazamiento, la que hoy se conoce como Ciudadela de Qaitbay. Desde entonces, buena parte del faro original permaneció oculta bajo el agua, invisible hasta que, en 1968, comenzaron a detectarse las primeras ruinas sumergidas que, tres décadas después, darían pie a la investigación que hoy culmina con este rescate.

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