Aníbal Barca partió de Hispania en el año 218 antes de nuestra era con un ejército que incluía 37 elefantes de guerra, en su mayoría de una subespecie norteafricana hoy extinta. Los animales cumplían dos funciones principales: transportar suministros y equipo por terreno difícil, y sembrar desconcierto entre las tropas enemigas, poco acostumbradas a enfrentarse a animales de ese tamaño en combate. Entre ellos destacaba uno llamado Surus, cuyo nombre significa el sirio en latín y que probablemente era de origen asiático, distinto al resto del contingente.
Un elefante adulto necesita entre 150 y 200 kilos de forraje al día, además de grandes cantidades de agua fresca. Esta exigencia resultaría determinante para el destino del contingente a lo largo de toda la campaña italiana.
Cómo llegaron los elefantes de guerra a Italia
Los 37 elefantes cruzaron primero el río Ródano sobre grandes balsas construidas para la ocasión- Algunos elefantes se asustaron a mitad del trayecto y cayeron o saltaron al río. Al contrario de lo que muchos soldados temían, los elefantes no se ahogaron: gracias a sus trompas (que utilizaron a modo de «tubo de buceo») y a su sorprendente capacidad natural para flotar y nadar, lograron llegar a la orilla por sus propios medios, aunque los cuidadores que iban con ellos sí perecieron en el caos.
Después atravesaron los Alpes con vida, una hazaña logística notable dadas las condiciones del terreno, el frío y la hostilidad de algunas tribus galas asentadas en los pasos de montaña. La travesía alpina duró alrededor de diecisiete días, en los que el ejército tuvo que abrirse camino incluso a través de un desprendimiento de rocas, calentando la piedra con vinagre para poder fragmentarla.
El problema no fue tanto sobrevivir al cruce como mantener con vida a los animales una vez llegados al otro lado. Las líneas de suministro de Aníbal quedaron muy debilitadas tras el paso de los Alpes, y sostener la demanda diaria de forraje de 37 elefantes en un territorio desconocido y hostil resultaba extremadamente difícil.
El origen de la guerra
El cruce de los Alpes se enmarca en la Segunda Guerra Púnica, el enfrentamiento entre Roma y Cartago que se prolongó entre el 218 y el 201 antes de nuestra era. El detonante fue el ataque cartaginés a Sagunto, ciudad aliada de Roma en la península ibérica, en el 219 antes de nuestra era. Ante la negativa de Cartago a entregar a Aníbal como responsable del ataque, Roma declaró la guerra. El trasfondo era más amplio: Roma y Cartago se disputaban desde hacía décadas el control del Mediterráneo occidental, especialmente Sicilia, tras la Primera Guerra Púnica, y la expansión cartaginesa en Hispania bajo la familia Barca había reducido progresivamente el margen de maniobra romano en la región.
El invierno que acabó con el contingente
Los elefantes participaron poco después del cruce en la batalla del Trebia, en diciembre del 218 antes de nuestra era, donde su presencia contribuyó a sembrar el desorden entre la caballería romana. Sin embargo, el invierno posterior a esa batalla resultó letal para casi todos los animales: el frío extremo, sumado a la imposibilidad de cubrir la demanda diaria de forraje en el norte de Italia, provocó la muerte de la mayoría del contingente. Solo Surus sobrevivió.
Surus acompañó a Aníbal en la primavera del 217 antes de nuestra era durante la travesía de los pantanos del Arno, donde el general perdió la visión de un ojo a causa de una infección. Poco después, en torno a la batalla del lago Trasimeno, las fuentes antiguas dejan de mencionar a Surus, y su muerte se sitúa generalmente en esas fechas.
La batalla de Canas tuvo lugar el 2 de agosto del 216 antes de nuestra era, en el sur de Italia, y terminó en una de las derrotas más severas sufridas por Roma en toda su historia, con decenas de miles de soldados muertos o capturados. Según el historiador Polibio, para entonces el contingente original de elefantes ya se había extinguido por completo: el último ejemplar, Surus, había muerto meses antes. La victoria de Canas se logró, por tanto, exclusivamente con infantería y caballería, sin apoyo de elefantes.
Los años sin elefantes
Tras Canas, Aníbal permaneció en Italia durante más de una década sin contar con elefantes de guerra, sosteniendo la campaña con las fuerzas terrestres disponibles y los refuerzos que Cartago pudo enviarle desde el norte de África. Los elefantes no volvieron a tener un papel relevante para Cartago hasta el final del conflicto, cuando Aníbal regresó a África para defender la propia Cartago de la invasión romana liderada por Escipión. Para la batalla de Zama, en el 202 antes de nuestra era, Cartago reunió un nuevo contingente de unos 80 elefantes, reclutados y entrenados de forma apresurada, que resultaron decisivos en la derrota final de Aníbal y en el fin de la Segunda Guerra Púnica.

