Sacerdotes fusilados en Manzanares
Fusilamiento
Hoy hace 90 años, el 23 de octubre de 1936, seis religiosos pasionistas del convento de Daimiel fueron ejecutados por milicianos del Frente Popular a las afueras de Manzanares (Ciudad Real), tres meses justos después de que los fusilaran por primera vez junto a la estación de esa localidad. Habían sobrevivido a aquel primer fusilamiento y pasaron el verano heridos, vigilados y amenazados. Tenían entre 18 y 38 años: el mayor, el padre Ildefonso; el menor, José María Cuartero.
La noche en que los echaron del convento
En julio de 1936 vivían en el convento del Santo Cristo de la Luz, a las afueras de Daimiel, unos treinta religiosos. Muchos eran estudiantes de entre 18 y 21 años que se preparaban para misionar en América. En la noche del 21 al 22 de julio, milicianos del Frente Popular los obligaron a abandonar el edificio. El superior provincial, el padre Nicéforo de Jesús y María, les dio la absolución, los comulgó y los exhortó a ofrecer la vida. Los llevaron escoltados hacia el cementerio, pero a sus puertas los dejaron marchar con la advertencia de no volver a pisar Daimiel. Nicéforo repartió 25 pesetas a cada uno y los dispersó en pequeños grupos: “Hacia Madrid. Lugar de encuentro, Zaragoza. ¡O el cielo!”.
Doce de ellos, entre los que estaban los seis futuros mártires de octubre, tomaron el tren en el apeadero de El Campillo. Desde Daimiel avisaron por teléfono a Manzanares de que pasaban “carne fresca”, con palabras casi idénticas en los relatos. Según El Español Digital, el aviso lo dio el anarquista Francisco Menchén a su hermano Antonio, que en Manzanares encabezó el grupo de anarquistas que los bajó del tren. Los encerraron en los calabozos del Ayuntamiento. A la mañana del 23 de julio, cuando se dirigían a la estación para seguir viaje a Madrid, el mismo Antonio Menchén, siempre según esa crónica, amenazó de muerte al empleado por dejarlos marchar. Nicéforo se arrodilló para pedir clemencia para aquel hombre, lo que, según Pagola, enfureció aún más a la multitud. Los milicianos los llevaron a un campo junto a la estación y los fusilaron. Cinco murieron en el acto, entre ellos Nicéforo, rematado a tiros mientras sonreía. Siete quedaron heridos. La Cruz Roja los recogió hacia las diez de la mañana, y uno de ellos, el estudiante Fulgencio Calvo, murió pocas horas después.
Tres meses de hospital y un segundo fusilamiento
Los seis supervivientes fueron al hospital de Manzanares, atendido por las Hijas de la Caridad. Pagola cuenta que las curas fueron durísimas y que, al bajarlos en camilla, algunas mujeres golpearon con alpargatas a los heridos. La primera noche, el padre Ildefonso se arrastró hasta la cama de un seglar moribundo para darle la absolución. El 1 de agosto obligaron a las monjas a dejar el hospital y los pasionistas quedaron en manos de milicianos anarquistas. Los mantuvieron con vida a cambio de que trabajaran como cocineros, enfermeros o en la limpieza, y advirtieron a los médicos de que, si les daban el alta, los fusilarían. Les repetían que cuanta más sangre recuperasen, más tendrían que verter, y algunos días simulaban un nuevo fusilamiento. Honorino, al que querían amputar un brazo herido, respondió a quien le preguntó si sufría: “Sí, pero soy Pasionista”. Justiniano perdió la vista de un ojo y, cuando ya hacía de enfermero, cantaba preguntándose qué muerte le esperaba. A Eufrasio le propusieron quedarse de maestro y contestó que prefería morir por Cristo.
El 23 de octubre, una camioneta recogió a los seis pasionistas en el hospital de Manzanares y los llevó a Ciudad Real, al Gobierno Civil. Allí se decidió su suerte: según algunas fuentes, el gobernador ordenó fusilarlo. De regreso hacia Manzanares, a pocos kilómetros del pueblo, los bajaron de la camioneta y los acribillaron al borde de la carretera. Los seis asesinados fueron los padres Ildefonso García y Justiniano Cuesta, los estudiantes Eufrasio de Celis y Honorino Carracedo, y los hermanos Tomás y José María Cuartero.Forman parte de los 26 mártires pasionistas de Daimiel, beatificados por Juan Pablo II el 1 de octubre de 1989. Sus reliquias descansan en la cripta del santuario del Cristo de la Luz, en Daimiel.
Los seis forman parte de los 26 mártires pasionistas de Daimiel, beatificados por Juan Pablo II el 1 de octubre de 1989. Sus reliquias descansan en la cripta del santuario del Cristo de la Luz, en Daimiel, y la Iglesia celebra al grupo el 24 de julio.