Mártires de Barbastro
Mártires de Barbastro
En la madrugada del 12 al 13 de agosto de 1936, hace 90 años, se produjo uno de esos crímenes que el Gobierno de Pedro Sánchez no quiere recordar porque los asesinos eran milicianos del Frente Popular: veinte religiosos claretianos presos en el colegio de los Escolapios de Barbastro (Huesca) fueron sacados de su celda, subidos a un camión y fusilados en el kilómetro 3 de la carretera de Sariñena, tras negarse a salvar la vida alistándose en las filas republicanas.
Diecisiete seminaristas, dos hermanos y un sacerdote
Solo uno de ellos, Secundino Ortega García, era ya sacerdote ordenado; otros dos, Manuel Buil Lalueza y Alfonso Miquel Garriga, eran hermanos coadjutores. Los diecisiete restantes eran seminaristas claretianos de entre 21 y 25 años que aún estudiaban para el sacerdocio: Javier Luis Bandrés Jiménez, José Brengaret Pujol, Antolín Calvo y Calvo, Tomás Capdevila Miró, Esteban Casadevall Puig, Eusebio María Codina Millà, Juan Codinachs Tuneu, Antonio Dalmau Rosich, Juan Echarri Vique, Pedro García Bernal, Hilario Llorente Martín, Ramón Novich Rabionet, José Ormo Seró, Salvador Pigem Serra, Teodoro Ruiz de Larrinaga García, Juan Sánchez Munárriz y Manuel Torras Sais.
«Hoy, día 13, veinte más han recibido la palma de la victoria»
Uno de los que aguardaban su turno en el colegio, Faustino Pérez, logró sacar esa misma noche una carta de despedida a la congregación: «Anteayer, día 11, murieron con generosidad de mártires seis hermanos nuestros. Hoy, día 13, veinte más han recibido la palma de la victoria, y mañana esperamos morir los veintiún restantes que quedamos. ¡Gloria a Dios!». Contaba que sus compañeros besaban las cuerdas que los ataban y gritaban «¡Viva Cristo Rey!» camino del cementerio.
De la irrupción miliciana al fusilamiento
¿Cómo se llegó hasta esa noche? Todo empezó el 20 de julio de 1936, dos días después del alzamiento militar, cuando milicianos anarquistas de la columna Ascaso irrumpieron en la casa de la Comunidad Claretiana de Barbastro. No encontraron el arsenal de armas que buscaban, pero detuvieron a los cerca de sesenta miembros de la comunidad, sacerdotes, hermanos y seminaristas, y los encerraron en el colegio de los Escolapios. El superior, padre Felipe de Jesús Munárriz, y otros dos responsables quedaron recluidos aparte, en la cárcel municipal.
El punto de no retorno llegó al amanecer del 2 de agosto: sin juicio ni acusación formal, milicianos de las llamadas «milicias de Ginesta» fusilaron a Munárriz y a sus dos compañeros a la entrada del cementerio, amparados en un papel del comité revolucionario local que autorizaba, literalmente, «veinte hombres» para matar. El 11 de agosto fue el turno de los seis religiosos de mayor edad de la comunidad. Y en la madrugada del 12 al 13, el grupo de veinte que da nombre a esta historia.
Cincuenta y un mártires
Entre el 2 y el 18 de agosto de 1936 murieron en total 51 religiosos claretianos de Barbastro, además de otros 18 benedictinos, 9 escolapios y el propio obispo de la diócesis de Barbastro, todos ellos beatificados como mártires por Juan Pablo II en 1992. Los autores materiales fueron las milicias y el comité revolucionario de la localidad, que decidían, saca tras saca, quién vivía y quién moría, mientras el resto de presos, encerrados en el mismo colegio, escuchaba los disparos y esperaba su turno.