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26 de enero de 1939: el día en que las tropas de Franco entraron en Barcelona

El 26 de enero de 1939 las tropas del general Franco entraron en Barcelona sin apenas resistencia. Las fuerzas que ocuparon la ciudad pertenecían principalmente al Cuerpo de Ejército Marroquí (compuesto por regulares y legionarios), una de las unidades más experimentadas del Ejército Nacional, mandado por el general Juan Yagüe, junto con unidades del Cuerpo de Ejército de Navarra, al mando del general José Solchaga. Estas columnas habían avanzado rápidamente desde el sur y el oeste tras la ruptura del frente republicano en el Ebro y en Lérida.

El colapso del frente catalán

Cuando llegó el 25 de enero, ya no existía una línea defensiva eficaz alrededor de Barcelona. Las unidades del Ejército Popular de la República se retiraban sin coordinación, agotadas y sin capacidad de resistencia real. Las carreteras estaban saturadas de tropas en retirada y de civiles que huían hacia Gerona y Figueras, en dirección a la frontera francesa.

Ese mismo día, el Gobierno de Juan Negrín y las autoridades de la Generalidad abandonaron la ciudad. Comenzaba la Retirada, el éxodo de cientos de miles de personas que huían del avance nacional en uno de los episodios más dramáticos de la historia de España.

La entrada de las tropas de Franco en Barcelona

Dentro de Barcelona se produjo un vacío de poder. Los edificios oficiales quedaron prácticamente abandonados, los comités desaparecieron y la población permanecía en sus casas, consciente de que la República ya no controlaba la situación.

Por eso, cuando el 26 de enero de 1939 las columnas del Cuerpo de Ejército Marroquí de Yagüe y del Cuerpo de Ejército de Navarra de Solchaga entraron en Barcelona, lo hicieron sin encontrar una resistencia organizada. No hubo una gran batalla por la ciudad: la ocupación fue la consecuencia lógica de un colapso militar y político ocurrido el día anterior.

Lejos de una ciudad vacía o hostil, en numerosos puntos de Barcelona las tropas fueron recibidas por multitudes de civiles. En lugares como la plaza de Cataluña, las Ramblas, la Diagonal o Vía Layetana hubo aplausos, entrega de flores y escenas de alivio tras casi tres años de guerra, bombardeos y represión revolucionaria. Para una parte importante de la población, la llegada del Ejército Nacional significaba el fin del hambre, del terror político y de la persecución religiosa.

Ese mismo día, como primer gran acto público del nuevo poder, se celebró una misa de campaña de acción de gracias en la plaza de Cataluña. Un altar fue instalado al aire libre y capellanes castrenses oficiaron la ceremonia ante las tropas y numerosos civiles. La misa tuvo un fuerte significado simbólico, pues marcaba el regreso oficial del culto católico a la vida pública de una ciudad que había sido uno de los principales escenarios de la persecución religiosa durante la guerra.

accion de gracias en barcelona

La caída de Barcelona supuso la pérdida del principal centro industrial, logístico y político de la República y dejó el camino abierto hacia la frontera francesa. Desde ese momento, la guerra estaba sentenciada y su final llegaría apenas dos meses después.

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