Los legionarios no portan al Cristo de Mena original: fue quemado en tiempos de la idealizada Segunda República Española por republicanos de izquierdas.
Hoy, Jueves Santo, una compañía de la Legión Española portará el Cristo de Mena, el Cristo de la Buena Muerte, desde la Iglesia de Santo Domingo de Málaga hasta el lugar donde se encuentra el trono de la Hermandad de la Congregación de Mena. Pero no van a portar el Cristo de Mena original. Aquel fue sacado del templo el 12 de mayo de 1931 por unos “alegres” republicanos de izquierdas, apilado junto a otras imágenes religiosas y quemado tras el asalto al templo. Por supuesto, fue golpeado antes de ser destruido. Únicamente se recuperó parte de una pierna y un pie del Cristo.
Una obra maestra del Barroco español
La talla original fue obra de Pedro de Mena, uno de los grandes imagineros del Barroco español, entre 1660 y 1665. Era considerada una de las mejores imágenes de Cristo crucificado de la escultura española. Fue encargada para el convento dominico de la Iglesia de Santo Domingo, siendo, del siglo XVII al XIX, una de las imágenes más veneradas de Málaga. Se conoce como el “Cristo de la Buena Muerte” porque representa a Cristo muriendo con serenidad y aceptación.
La imagen actual del Cristo de la Buena Muerte fue realizada por el escultor Francisco Palma Burgos, partiendo de fotografías antiguas de la talla original de Pedro de Mena. Es una de las reconstrucciones más logradas de una imagen religiosa durante aquel tiempo de paz y felicidad que fue la Segunda República.
De la vinculación histórica al ritual actual
¿Y desde cuándo se vincula con la Legión?
La vinculación entre la Legión Española y el Cristo de la Buena Muerte se remonta a 1928. Los legionarios encuentran en la imagen un símbolo que encaja con su ideario: disciplina, sacrificio y desprecio al miedo.
Antes de 1931, la Legión Española ya participaba en la procesión del Cristo de Mena, pero no existía el ritual actual. Es en 1941, con la nueva imagen, cuando se fija la tradición: los legionarios lo portan a hombros en el traslado y lo escoltan.
Desde entonces, esta relación se ha mantenido de forma ininterrumpida, convirtiéndose en uno de los momentos más reconocibles de la Semana Santa de Málaga. El desembarco de la Legión, su desfile por la ciudad y el traslado del Cristo forman ya parte de un ceremonial que trasciende lo religioso para convertirse en un elemento central de la identidad local. Cada año, miles de personas se congregan para presenciar este acto, en el que tradición, historia y simbolismo militar se entrelazan en torno a una imagen que, aunque no es la original, sigue despertando una profunda devoción.

